Corte

poema de Funesta

Sobre mi piel,
un poco arriba de mi ombligo,
trazo una línea
con el filo de un cuchillo.

Con él,
un corte realizo.
Y mi interior
se abre sin pudor.

¡Splast!

Me atrevo a mirar.
El lavabo antes limpio
ensangrentado está.

Y no es ninguna sorpresa,
cuando un cúmulo veo
de mariposas muertas,
que vivas estuvieron
hace mucho,
mucho tiempo.

Pero parece
que aún queda una,
revoloteando,
en algún rincón
de este vacío.