Mi advenimiento.

poema de D.G. Falls

He venido al mundo cayendo como un cometa que eclosiona los colores del cielo.
Pintando a la tierra de los montes fértiles que sangran lava ardiente al saludarme,
De la luna de sangre que ha venido a rectificar mis proezas,
Y las lluvias que descienden por mi rostro en su advenimiento al campo.
Tengo tantos encantos que las damas sonríen al oír mis promesas,
Elevando sus cinturas,
Cantando mi nombre con sus labios,
Consagrándome al bosque y a sus dioses mojados.
Pintando los paisajes con los óleos de mi existencia que recrean mis urgencias
Por pertenecer a todo sin que sobre nada en la mesa.
Los dioses comenzaron a amarme cuando abrí los ojos y lo han hecho tanto como mis padres
Por eso ando por la vida sin poder quejarme y tampoco sin poder hartarme.
Porque hay tanto que ver y tanto que aprender que no quiero irme jamás
De este jardín salvaje, al que desciendo y que me acoge con sus manos florales
Y me reciben con sus muchas ninfas desiguales.
Ya no conozco otras bondades que permanecer en un mundo con sus criaturas adorables.
Es que todo me ha amado como yo lo he hecho, y los que no…
Se enamoran con el tiempo y repiten mi nombre, lo cantan en silencio,
Lo murmuran, lo deletrean y me acarician y yo a ellos.
“Drexler”
Dicen y me elevo,
“Drexler”
Repiten y me dilato como un nervio desnudo, expuesto, sensible.
Porque son sus cantos los que me entregan su alma.
Son las voces las que me manosean con calma, y no puedo parar.
Mi alma se siente plena, mi existencia se siente amena.
No puedo negarme el regocijo de mi grandeza y el erotismo de mis letras.
Por eso repite una vez más.
“Drexler”
Que es como si no existieran penas cuando me elevas en tus cometas.

(A mis veintidós años de edad he comprendido que uno debe amarse a sí mismo primero para poder amar a los demás y a todo lo que nos rodea. Entendí que al hacer un pacto con uno mismo todo se llena de luz, y el cosmos conspira a nuestro favor. Es como si el universo nos enalteciera, pero la verdadera razón es que la luz sólo brota de nosotros mismos y al mismo tiempo que ilumina a otros, también hace que las luces de los demás brillen con más fuerza. Porque la existencia es un flujo recíproco de reflejos de nuestro comportamiento y actitudes.)

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