Cuando Te Hallé.

poema de D.G. Falls

Te hallé una tarde donde caminaba solo.
Pero te vi, y comprendí.
Comprendí que no había nada más allá en el cielo que la forma de tu figura,
Que no existía curva más preciosa que la de tus cejas.

Y, aunque no ibas sola, deseé acompañarte.
Quería que cada mirada de los portales de tu alma abriera una puerta para mí,
Para mis besos y anhelos, para mis caricias y egocentrismos
Que no son nada más que tus bordes, que tus líneas decoradas con fragilidad.

Entonces, me esforcé.
Dediqué todas mis facultades a encontrar tu camino para iluminar el mío con tus luces.
Estudié, en cada encuentro, tus facciones, tus gestos, tus encantos.
Hallé cien cosas que me gustan de ti y las plasmé en estos dedos que desean tocarte.

Decidí pintar cada prodigio que vislumbré en ti,
Cada milagro en tu piel,
Cada poro bañado en miel.
Porque no hay más elixires que el vino del amor y tú posees un viñedo.

Uno donde cargo mi cubo y lleno mis copas.
Pero no era suficiente, no.
Porque no me veías o no sentía tu mirada como quería.
Y el tiempo entró.

Actuó como el antagonista,
Separó estas partículas que se movían por tu energía y las dejó vagando.
Era el viento recorriendo la tierra sin un propósito.
Mientras esperaba, sólo esperaba.

Los dioses me observaban y escuchaban mis suplicas mostrándote el camino.
Guiaban tus pasos del desierto hasta mi bosque encantado donde me viste.
Pintaste mis alas con tus besos y te has quedado por lo que ha durado el tiempo.
Eres un mito que se ha extendido por mis tierras.

Una doncella de los antiguos linajes que dicto en mis leyendas,
Que clama la fuerza de la tierra en cada parte que revela.
¿En cuántas ocasiones me he embriagado con el olor de tu cabello y en la oscuridad que posee?
¿Cuántas veces voy a llenarme de ti hasta explosionar en el cosmos?

No lo sé.
Sólo anhelo quedarme donde florecen tus hierbas y perduran tus fragancias.
Porque es allí donde se calman mis ansías.
Porque es allí donde pertenece mi mente.

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