La muerte del individuo.

poema de clauverso

Diariamente era una decisión tras otra. Víctor estaba hipnotizado por la abundancia de los mercados y su oferta de entretenimiento inagotable. Relacionarse no era algo que le importara. Cumplía con su rol de estudiante y generaba el dinero suficiente para hacer sonreír hasta a los vagabundos.
Sin previo aviso, el virus se esparció por el mundo. Víctor veía como su realidad se desmoronaba poco a poco. El entretenimiento se redujo. La abundancia paso a ser selección elemental, donde se racionaba todo lo que se pudiera. Un joven de 20 años ha vivido lo mejor de la humanidad, le decía su abuelo de 90 años.
Víctor comenzó a desesperarse. Su personalidad individualista, moldeada y hasta celebrada por las sociedades actuales, se enfrentaba a los requerimientos biológicos y sociales de las comunidades.
No sabía cómo actuar. Incluso su familia le parecía un reto social agotador. Lo más duro de este nuevo giro dramático de su existencia, es que al mismo tiempo que sufría por haber perdido la habilidad de relacionarse con sus pares, sufría porque ahora se estaba conociendo a sí mismo y no sabía quién era.
Víctor cumplió 21 años en abril. El mejor regalo que recibió fue, según sus propias palabras, aquella rosa que se posa sobre su recuerdo.

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