Crónica de un Padre Errabundo

Crónica de un Padre Errabundo
Naufragaba caminando cuando debería navegar.
En su universo nocturnario repercutía el eco de las antífonas disidentes.
Del inframundo de lechuzas y parias era el paradigma.
Al Norte solo le aguarda la Calaca.
Víctima del olvido de la progenie divagaba en los recodos de la clandestinidad.
Transhumante forastero de todos los escondrijos urbanos,
en los lotes baldíos edificó su covacha.
La causalidad mordaz no le otorgó verónicas para sortear el convoy
de la ingratitud.
Sin embargo, olvidó profesión, pero no nexos consanguíneos.
La heredad le desterró, ajusticiándole por sus pasiones etílicas
Estigmatizando su desidia, siendo ellos lacerados por bulimia y
snobismo.
De apostata le etiquetó el clero, aunque frente a los harapientos,
aceleraban sus patinetas.
Tan solo la muerte, le devolvió sus trofeos.
James Philliphe Moran