Se lo llamaban, muy a su pesar,
decía que todos estamos muertos,
una percepción de la realidad
distinta, espanto de cuerdos.

Vieja, enferma, medicada,
afirmaba cosas extrañas
tenidas por patrañas,
hablaba con el alma.

Murió ya. Ahora no está muerta.
Nos lo advirtió: estamos muertos.
¿Locura o razón? La respuesta
está en la vida que creemos.