Convergencia

Eran calles circulares y los techos de dos aguas

que entonces no eran míos y ahora soy de ellos.

Viven a diezmíl kilómetros de éstas pilas de ladrillos

cuyos techos podrían no existir y aún no lo sabría.

Aquí donde el piso no se encera y tengo dos y no uno.

La tierra sin horizonte y de medio cielo.

Empezaré por decirle nostalgia a mi heimwee

y aceptar el intercambio de recuerdos por presente.

Aquí también hay hidrantes chicos, orgullosos o cansados

Aquí también huele a Lovaina pero sólo a las cinco

cuando la tierra respira rocío y la piel se achina del frío.

También el asfalto bajo mi bicicleta parece el mismo

cuando entro al espacio nulo de mi hogar partido.

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