LLEGADOS A ESTE PUNTO

poema de CUASIPOETA

Ya no vendrá Noviembre con su carga de hojas caídas
a recordarnos que la vida pasa deprisa y cuando veas
caer los suaves copos de la fría nieve, quiero que pidas
un deseo, tan sólo uno, pero importante, y aunque creas

que los milagros no existen, ahí estaré yo para mostrarte
el camino hacia una fuente de donde manan ilusiones
junto con agua clara que refresca y quita sed, puro arte
en unas pinceladas de naturaleza, aptas para ocasiones

en las que te apetece triscar y observar los montes y los ríos
los valles salvajes trufados de nostalgia de tiempos verdes;
ahora que todo ha envejecido y los grises indican señorío
es el momento de buscar el camino correcto, o bien te pierdes

entre las oquedades de troncos ancestrales, carcomidos
y casi a punto de caer de puro viejos, y por el hacha heridos
refugio de aves migratorias que han decidido quedarse
al igual que ése niño, muy cansado que opta por tumbarse

ignorando los ruegos de su madre que espera impaciente
a que se levante, y luego debe ir a por él, y sin reñirle
pues la pedagogía sostiene que es contraproducente
debe de levantarlo del suelo, cuidando de no herirle.

Así estaba yo cuando llegaste, un niño desgastado
en un suelo sucio, pero a la vez acogedor y amable
un poco triste, y si nos atenemos a lo dicho, malcriado
y ahí viniste tú dispuesta como siempre a echar un cable.

Por lo años pasados, imagino el futuro, y por las veces
que hemos pensado en que el amor no es para nosotros
de vez en cuando entono el mea culpa, pues no mereces
soportar esos minutos de auténtica tortura en esos potros

que sirven tanto para domar voluntades como para disuadir
a los que viven en su burbuja, de la que solo salen para discutir
y no se comportan como buenas personas, al contrario, golpean
una y otra vez sobre la puerta cerrada del amor, y emplean

todos los sucios trucos del amante despechado para herir
sentimientos que en todo caso, ya estaban casi muertos
y a los que la fina lluvia de Abril, que inunda los huertos
acabará por poner en relieve de nuevo, aunque toque sufrir.

Llegados a este punto no queda sino asumir en propiedad
ese alquiler de besos que nos costaba horrores el pagarlo
devuélveme las llaves de tu alma, y ámame de verdad,
y luego siempre habrá alguien que se atreva a contarlo.