Duele

poema de Zena

Tu memoria es como una mina a la que tengo mucho miedo de pisar, pero cuando ha pasado la explosión, me encuentro besando las partes de mi que aún llevan tu sonrisa adentro.

Eres una explosión, una sentencia a muerte, una adicción que no puedo dejar. Eres ese cigarrillo que sigo fumando cada vez que trato de distraerme del recuerdo de tus manos en mis caderas.

Eres el sol, que quema y pica y hace que mi piel llore de dolor. Eres ese fuego que sigo tocando, esa vela que me rehúso a apagar.

Vives dentro de mi, no me puedo deshacer de ti. Hay algo familiar acerca de sufrir de adentro hacia afuera que aún no me acostumbro a soltar.

Tengo que dejarte ir.

Sigo intentando olvidar tu sabor pero en cuanto comienzo, regresa la memoria de ti como una mariposa en mi lengua y tu nombre resurge, hasta que no hay nada más que sangre y óxido en mi boca.

Estoy cansada, ¿sabes? Cansada de preguntarme ¿cuándo? ¿cuánto? Hasta que deje ir la única pieza de esperanza que queda dentro de mi. Aquella que sigue triturando mis entrañas hasta hacerlas polvo de estrellas en un intento de finalmente olvidar que una vez vi un futuro contigo.

Nunca fuiste mi futuro.

Nunca me amaste. Y debo aceptarlo con manos vacías y pestañas empapadas porque tú, nunca me amaste a mi.

Nunca me amaste a mi.

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