El secreto de los abedules

poema de Penelope

El ajuar de los dioses, de nuestro olimpo estandarte,
el ave condal la efeméride de nuestro amorío escolta,
la aorta de la cúpula en su delirio extravagante,
epístola de una noche aplaudida en su velada corta.

El abedul ensaya en secreto su preámbulo lacónico
Y la armónica de recuerdos plega el cauce melancólico,
maniquí de penumbras que en los párpados se expone
visitante lácteo que el sermón de un pecho pospone.

Patrón de las ciénagas marmóleas en suelo santo
braille de unas caricias que esculpen figuras de hielo,
gendarme de memorias de un abrupto desconsuelo,
postigo remendado de unos besos de esperanto.

Tributo al rústico canto de los abedules
apadrinado por un séquito de góndolas de nubes,
ancestro renacido del letargo vespertino
argonauta de insondable fuero sin cerco ni sino.

La noche nos escolta cual tarántula invicta,
el pedal del universo moverán los abedules,
su matriz de oxígeno, sus almas azules
diáfana secta permutada en su antorcha de vida.

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