Canciones

poema de Penelope

El poeta y su canción, mercenarios de la vida que quita y da
hijos de tambores y fusiles en memorias remendadas,
trinando por los caminos sonoros de las sábanas va
viajando por pliegues y palmos de camas abandonadas.

El poeta y su canción, sin tormento ni estandarte,
disfraza la vida recogido en tus ojos, su baluarte,
el poeta y su ignición, lleno de carcuma en la garganta,
sacude los hálitos impíos a la par que canta.

Define los ecos constipados por las distancias
rumbea pisándole los talones a las nostalgias,
la canción del poeta asusta con su ala escueta,
resbala al tocar el corazón porque nace en las venas.

Canciones que emerjen de un canto por la tragedia
de una alegoría crucificada en el alma,
vocales sin voces perforan el costado del alba,
decrecen como soles en un ocaso que me asedia.

Canciones que circundan el abismo de mi cintura
que barren la argucia de un mundanal sonido,
que adoctrinan el silencio de un culto furtivo,
a una líbido que peregrina por sus ranuras.

Tragos solemnes de latidos conspicuos
aflora en mi pecho el polvo de tus agallas,
un distrito de suspiros fornican en la garganta,
procesiones de manos en el azar de lo oblicuo.

Canciones que apuñalan mi vientre en la oscuridad
en los anales cangrenados de mi larga espera,
operetas que triunfan en los andamios de la verdad
canciones enterradas en las orillas austeras.

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