Cuento de la mujer necia

Érase una mujer tan necia pero tan necia
que con sólo dos cervezas firmó su suerte.
Le dijo adiós a la muerte y se dedicó a las rosas.
Dijo que con cosas preciosas
se tatuaban los caminos.
Que poco decía el destino a mujeres caprichosas.
Se puso de rojos vestidos y de calma girasoles.
Dejó que pocos señores le escoltaran los sentidos.
Hizo un trato con su vida que poco suena a destino,
tejiendo sonrisas bellas en cuerpos con desatino.
Hizo mejor todo el mundo.
Hizo de su verbo un rezo.
Quedó, a su alrededor, terso
con marcas de sus vestigios.
Recuerdo y la admiro con creces, a la que no fue famosa.
Pero veo en mí sus sueños
Y si miro cerca, rosas.

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