Unipegaso

UNIPEGASO
(Cuento infantil)

"¡Se llegó el día
se llegó el día!"
Gritaban Lucita y Sofía un par de lindas unicornios color rosita claro.
Todos sabían que al cumplir dos años,
a cada unicornio se le otorgaba su cuernito que lucirán por el resto de sus vidas.
Algunos eran de colores:
azul, plateado, dorado, beige,
pero el que todos los pequeños deseaban recibir era el mejor de todos el
¡arcoiris! Ese era el más hermoso,
pues cambiaba de color y también se le veían cada uno de los colores del arcoiris,
por eso así le llamaban ellos "arcoiris".
Éste, era el mejor premio
para aquél que llevara el mejor comportamiento con sus papás,
compañeros y amigos.
Lucita y Sofía se decían entre ellas:
"creo me porté bien"
"yo también"
decía la otra.
Se acercaba la ceremonia,
y cada unicornio que habitaba
en aquella linda comunidad escondida
en la montaña recostada entre las nubes blancas de algodón.
Cada uno se preparaba para recibir su cuernito y estaban emocionados y esperanzados a recibir el gran premio
que era el cuerno ¡ARCOIRIS!
El ganador tenía que agradecer en público, pero sobretodo, al gran rey Unipegaso,
que sería ¡él mismo quien colocaría el hermoso cuerno! al merecedor de llevarlo.
Pero esa no era la única razón por estar nerviosos y emocionados.
No. Era porque además de ese bello cuerno
el rey daría un par de alas sí, ¡alas!
Solamente un par de alas,
solo un merecedor del maximo premio del reino Unipegaso por año.
¡Solo uno! ¿Quien será?
Se preguntan mientras esperan.
Después de recibir sus alas
el ganador pasaba a ser parte de la casa
del gran rey Unipegaso.
Era su mensajero personal.
Llevaría mensajes directos a los reinos cercanos o lejanos.
Volaría por encima de las nubes que rodeaban su bella montaña;
también, por cielos inmensos y azules.
Atravesaría nubes de algodón y lluvias.
Nadaría en las espumas de lejanos océanos.
Caminaría en desiertos o valles.
Conocería castillos, doncellas
y dragones.
Miraría de muy alto a gigantes
y a enanitos de otros mundos.
Todo esto se imaginaban los pequeños unicornios,
¡eso y más!
Todo esto gracias a su compromiso
de siempre portarse bien, respetar a sus mayores, padres, compañeros y amigos.
Y se había llegado el ¡gran momento!
El gran rey Unipegaso llamaba
al que sería su mensajero personal...
¡Tú!
¡Te llamaba a ti!

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