La azalea y yo

El color de las azaleas
es cada vez más débil
de rojo ensangrentado,
ahora lucen de un rosado triste,
transparente
las abejas dejaron de visitarla;
el viento amenaza con
arrastrarlas, ellas no saben
como sostenerse, las hala
haciendo piruetas y remolinos
por el piso.
Un ave solitaria se aferra
de una escueta rama
balanceando para no ceder al viento.
El grosor de las sombrías nubes
parece romperse
y comienza su llanto silencioso.
Heme aquí, saboreando el frío,
el lóbrego claroscuro
que es más cálido que mi pecho;
hasta las gotas de lluvia
se sienten tibias.
Mi chal lucha por no seguir el rumbo
de las azaleas que se robó
el viento lo mismo que mí vestido
que pelea por desprenderse de mí cuerpo.
Pero aquí, soy feliz
como no puedo serlo en ningún otro lugar
porque aquí soy dupla
aquí, la mustia desolación
y yo, somos una…

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