Hiedra

En el recoveco,
dónde se diluye
mi saliva
se encuentra
la estela
de tu lengua.
En la profundidad
de mis iris,
se acuña
la intensidad
de tu mirada.
En la marca de mi cuello
quedó el rastro
de tus colmillos.
En la longitud
de mi tez
se esparció la impresión
de tus dedos.
Mi oído
custodia la dicción
de tus labios
y da voz
a mis más íntimas
utopías.
La mudez
de un gemido ausente
aguarda en la gaveta
de sábanas
de seda.
Mi esperanza
permanece a la orilla
del mar, inmóvil,
el sargazo va cubriendo
hasta el manto
de mis ilusiones.
Y tu recuerdo
sigue impregnado
en el aire que respiro.
Así, cual hiedra.

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