¿De qué sirvió…

¿Y qué importa que dijeras que me amabas,
que me amabas mucho?
¿Y qué importa que corriera toda esa puta noche
tras de ti sobre el tejado, rogando tus besos, por última vez?
Mis manos se deslizan inquietas sobre el papel…
Mis dedos tiemblan…
mis dedos tiemblan…
mis dedos tiemblan…
Dime de qué sirvió botar tanta mierda... ¡De qué!
¿Por qué reír?
¡Dime por qué llorar!
Si el amor ya se ha hecho viejo
y nos embriaga en su vejez…
“Reinventemos el amor” decía Rimbaud
Pero, ¿De qué les sirvió tanta pasión desmedida,
si cuando ya no había herida
el alma seguía sangrando?
¿Por qué reír?...
¡Por qué llorar!
Si cuando el alma sangra los lamentos sobran…
si cuando el río canta al mismo tiempo llora…
si cuando el silencio de la noche se reúne
nos envuelve y nos condensa y nos encierra…
y nos acaba.

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