Un cuarto de luna

poema de La Dama Azul

Grácil, zurda y amplia,
la mano aguarda para sí;
una ofrenda de horas ensalzada, entre guirnaldas.

Las vestes envuelven aladas
un ensueño de hondas raíces,
cubierto el arco del sigilo;
en tanto, suspira palpitante el viento.

En vano el afán del nido
y el de la barca que conduce a todo ello;
puestas mis carrozas en pos del poniente
tras el destello de un cita fulgor.

Silencioso, ya viene…

Firme, el diafragma asemeja
el fragmentar de un inmerso latido,
inundado el espíritu de silencio;
entrando por la puerta, eterno y puro.

Sin amuletos, desde mi peldaño continuo,
le he visto, bajo la tibia luz encendida;
y entre la estepa de vainas
cual goce de un torrente alud.

Se percibe el aroma de la presencia…

Atenta avanzo entre sendas grabadas
con el brillo de un cuarto creciente,
suntuoso me conduce serena al valle amplio,
tras la morada de colinas lejanas.

Me estremece el haz ardiente,
el candor sin roces, la voz nívea;
y el inconmensurable desorden
que circunda su brillo.

Los pensamientos sobre vos;
en tanto la mano, zurda y amplia,
escribe dónde el sentido no alcanza;
en el abundante de un instante eterno
sonriendo ante la presencia que importa en el mundo.
*

Fondo musical: Vangelis- La mer recommencée

Abril 10, 2019
© 2019 Gabriella- La Dama Azul. Todos los derechos reservados

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