Mis puñaditos de latidos.

Que solo son los dueños de mis letras
y no de las cositas que te escribo,
que mandan en la cola de la imprenta
y no en los sentimientos que te imprimo.

En venta tengo un saco de palabras
y no los mares nuestros, playa y tinta,
mi firma no es cadena para el alma
ni esconderá los versos que me dictas.

Nacidos del desierto de mi boca,
mis versos, son mis claros y mis dudas,
a veces flores, otras sangre y sombras.

Se llevan oraciones de un pagano
pintadas con amor y con ternura,
las vestirán de árbol enterrado.

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