¿Por qué no maldecir?

Soeces respuestas sacrílegas, apóstatas o paganas
Pugnan ante dogmas perturbadores de libres albedríos.
Actos pusilánimes de herejía o disidencia,
Desafiando reglas socioculturales opresoras de idiosincrasias.

Psicorrígidas doctrinas moralistas
Mutilando voces pródigas y veraces,
Acallan todas las verdades liberadoras
Confinando a vivir un inválido mutismo.

Mientras callas con prudencia reticente,
Un pandemónium desestabiliza tu salud mental.
Es preciso liberar esa carga mental destructiva,
Antes que tu prudencia moralista te aniquile.

Evitas enfurecer o indignar las deidades,
Conteniendo turbulentas e impulsivas palabras.
Temes condenarte por emitir una vulgaridad,
Aunque el infierno esté mucho más cerca si no lo haces.

Rindes demasiado tributo a lo sacro,
Te cuidas de no profanarlo o irrespetarlo,
Piensas que te verán como enfermo mental por hacerlo,
Cuando en realidad, caes en desequilibrio psíquico por no intentarlo.

Maldecir es una formidable terapia sublimatoria,
Pues derroca la tensión mental negativa,
Restablece de inmediato el equilibrio anímico,
Retomando la autoestima y bienestar.

Paradójicamente crea niveles estrés,
Pero a la vez reduce o escatima el mismo,
Puede debilitar el cuerpo mientras aparece,
Aunque estimula hormonas para que se equilibre nuevamente.

Maldecir hace que retomemos nuestra identidad,
Recuperando nuestro auto concepto positivo.
Rescatamos nuestra independencia y carácter,
Encontrando la necesaria paz interior.

Si no maldices te irrespetas a ti mismo,
Cohibiéndote de hacerlo por no incomodar a otros.
Ahora comprendes la urgencia de no postergarlo,
Porque también procrastinas tu equilibrio emocional.

“Cuando maldecimos podemos abrir la puerta para que entren demonios y malas energías a invadir nuestro interior, pero si no abrimos esa puerta al maldecir, tampoco quedará abierta para que salgan los otros demonios que ya habitaban en nuestro interior y sean purgados o expulsados”.

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