Adalid

Me grita la gaviota que despierte. Que el agua está tersa sin un rizo y el cielo rosado por donde amenece.

Es verdad que el mundo de este lado está muy quieto, pero el otro cerca anda, entre la niebla lo siento, como un gran Avalon tras de las aguas.

Siento su hormigueo electrizante que me alerta y a mi alma que responde al desafío muy contenta.

Hoy por fin os tengo de este lado cerca, esquivos esclavos de la magia.

A vosotros os hablo elusivos elfos. Os puedo ver bien con el ojo de la gaviota blanca.

Ved que su pico duro tiembla, porque quiere desgarraros. Mirad como encoge ya sus garras. Con un solo zarpazo puede mandaros a ese mundo de mentiras y de sueños.

Citad aquí y ahora a vuestros maestros, saurios alados de la magia. A los avaros ladrones de tesoros y de tiempos. A los viejos dragones y su fama.

Decid que los reta un adalid a muerte. Quiero sus rojos corazones, como valiosos trofeos de mi dama.

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