CARTA A UN ANGEL

Sobrinita de mi vida, perdóname esta flojada, te saludo con un pañuelo, para decirte a dios en mi carta. No sé que me ocurre, ni sé que me pasa, me tiro del catre al suelo, me hecho en el catre de espaldas, quiero llorar y no puedo, quiero respirar y me ahogan estos nudos misteriosos que las amarguras atan.
Se ha quedado sola la casa, ladran los perros afuera como si vieran fantasmas y alumbran mis pensamientos candiles de luces malas, inunda mi mente como un mar tus recuerdos.... “Anita María te llamabas, año dos meses tenías”…; un miércoles al caer la tarde te pusiste malita, tus ojitos encendidos, tu cuerpito echando llamas; con tu cándida mirada exclamabas “, me muero tata, me muero mama, tengo una sed de martirio, siento un fuego que me abraza...” Turbado volé contigo al pueblo, tu llanto eran puñales metidos en mi pecho ... Le expliqué al doctor el caso suplicante, y le dije que hiciera algo para salvarte, pero como que el destino se interpuso, que la ciencia... nada ... nada pudo hacer para evitar tu prematura partida; me dijo que comprara en la botica un frasco de limonada y que esperáramos poder hacer algo si la fiebre pasara... espere... esperé lleno de angustia y desesperación, con el corazón en la boca y la tristeza en el alma, el médico sabía que nada se podía hacer, y calló tan infausta noticia .
La fiebre duró poquito, se te acabó al caer la tarde cuando el sol se ocultaba, los ánimos se tranquilizaban y nos disponíamos a descansar tras una larga jornada; tu madre te abrasaba, y tu tranquila te dormías en su regazo con la frente helada, mi hermano sin voz tan solo hacía presencia junto a la cama, de repente deshojaste un leve suspiro y de tu desfallecido cuerpecito se desprendió presuroso un ángel que se marchó a prisa a los brazos del creador, como rehuyendo a los peligros mundanos. Desde aquel nefasto 10 de septiembre en nuestro hogar no se ha podido consignar la calma, tus padres se pasan llorando, se pasan callados, con los ojos en el aire, con los brazos cruzados, lo mismo que si te acunaran dormidita en sus regazos; No sabes pequeña lo que te extraño, mi corazón está inundado por la nostalgia, a veces me conformo porque tu estas allá junto a Dios porque sois un ángel, nosotros nos hemos quedado solos, como sola está la casa..... Para mí, tú no has muerto, al llegar la noche veo siempre esos vivarachos ojos negros, tus traviesas manos acariciándome cuando duermo y al abrirse el alba puedo distinguir tus dientecitos blancos y la fisonomía de tu inocente sonrisa.