Homicidio en el pasillo

poema de Clara

HOMICIDIO EN EL PASILLO.

Buceaban tranquilas
entre delicada agua mineral
amarillas, naranjas, primorosas,
como pulpos estáticos
en su prolijidad.

Absorbiendo los sonidos en la oquedad,
en la oscuridad encapsuladas,
preciosas ramificaciones formaban,
mimetizándose en la fanerítica plagioclasa.

Y el cúmulo del desplante, de aquellos que ni las conocían…
Su caos y desorden, propició una desgracia fortuita.

Sumergida en él, aquí,
la que por este suceso transita,
enloquecida un remolino provoqué,
y el huracán arrasó, con la calma vencida.

Ay de mí…
Lo peor no fue el resultado.
Lo peor fue mi despistado,
obnubilado pensamiento
por el recado pendiente.

Por un segundo.
Mientras se producía
la fatídica desgracia,
recé por que aquella plagioclasa
en mil pedazos quebrara.

La maldita hurtaba
poco a poco,
apenas sin advertir,
el agua tan pura
que ellas debían
deleitar, y con ella,
sus turgentes hojas
alzar y resarcir.

Ni lo suficiente
para cavilar el reparo,
ni lo suficiente
para el problema olvidar.
Una cantidad de agua
que llegaba a exasperar.

Y mientras mi cara,
debido a la gran altura,
cuestionaba la dureza
de la bribona plagioclasa…
mis ojos morían al ver tremenda desgracia.

Y mi ceño se fue relajando,
mi pulso, acelerando,
mis ojos, titubeando,
mis cejas, ascendiendo.
Ojiplática y abstraída,
la realidad no podía
procesar.

Años, cuidándote,
pensando en ti,
¡en cualquier parte!
Reservándote
cada sorbito
de agua mineral
allá donde estuviera,
para que no aborrecieras
de tanta cal,
ni cualquier otro mineral,
que en exceso
podía intoxicarte.

Mi alegría,
mi consentida,
mi flor de pitiminí,
¿quién te quiere a ti?
Preciosa mía.
Que ya bastante, en la oquedad
de la magnífica plagioclasa,
cal habita.

Magnífica piedra bastarda,
si hubieras sido más flexible
habríamos tenido otro final.

(Nunca pronunciaría
esa palabra,
pero era exactamente
lo que quería exclamar)

En tres tramos,
partida,
mi princesa,
Clorofila.

Y cuando recobré el sentido
tuve que afrontar el destino.

Escapar. O luchar.
Sustituir. O insistir.
Permanecer en el ayer,
en el mañana, pensar.

Analicé las partes.
Pasé por alto
que una era
un esqueje.
Emocionada y asustada
con delicado pulso
afronté la situación
sin tejemaneje.

Limpié como todas las semanas
con diminutas caricias,
cada una de sus hojas,
mientras cariñosa le hablaba.

Y las mantuve en agua
hasta decidir,
por qué opción me decantaba.

Finalmente escayolé a Clorofila
en su tronco principal,
entablillé la ramita a medio arreglar,
y aquella que se partió
cerca del nudo,
formando un esqueje,
un trasplante hubo que realizar.

Clorofila, bella mía,
dichosas las hojas.
De un día para otro,
te mueres, me naces,
y me haces abuela.

Nunca sabré si fue la fuerza
de tus raíces la que te sostuvo
a la dichosa plagioclasa,
O si al revés, o si fue algo mutuo.
Sea como fuere, me alegraré
mientras sigáis en vida.

Tu puntual inestabilidad
prolongada serenidad
será de nuevo,
lo verás.

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