La vuelta

poema de Simba

El tiempo pasa más rápido
cuando se oculta
la verdadera razón
de nuestro desvelo.

Quizá nunca logre saber
lo que se escondía al final
de aquel camino escabroso;
quizá nunca logré conocer
el valor que tenía para mí
ese brillante camino:
incluso cuando acabó conmigo,
creí que era mi destino.

No;
las paredes no nos cubren
de lo más peligroso
que puede existir allá afuera:
la falta de abrazos
en los días de frío,
especialmente
en los días de frío.

Puedo desarmar frases,
recitar canciones o sueños;
en algún momento quizá
aprenderé a componerte una,
o a componerme,
de forma alguna.

Nada de esto te reemplaza,
ni me complementa;
solamente el pensamiento
de que, algún día,
todo este dolor
sea suficiente
para traerte de vuelta.

O que al menos sea suficiente
para hacerme amar de vuelta
a alguien que no me mire
al corazón
o a la cara
y se de la vuelta;
como si uno
no se diera cuenta.

¿Insana?
Insana era su mirada,
como dos agujeros negros.

Ese es el problema de las estrellas:
que brillan por vos,
aunque tus ojos
sean un agujero negro.

Ese es el eterno problema
de todos nosotros:
una pena nos hace dudar
de todas nuestras alegrías.

Quizá el futuro nos depare
mejores cosas
o nos separe
de mejores cosas;
¿quién sabe?

No tengo el privilegio
de sentarme en hormigón
y descifrar tu mirada
tierna y matemática;
pero buscaré con mi vida
ser el protagonista
de mi historia
por más triste
o pragmática
que sea.

Y pudo haber sido la tuya,
o la nuestra.

A todos:
gracias por huir a tiempo.