Lena

poema de Aserah

Leñe.

Me han descuartizado señor.
Frente mí occipital línea media han destruido la ultima sensación de la pureza.
¿Cómo no llorar señor? Estoy desangrada para él qué dilucidan y otros más vendrán a cuartear mi lúgubre espontaneidad.
No resisto más señor. Las voces no son cataplasmas rimbombantes tras la semptrional numeristica del patíbulo no recurrente.
Estoy ahogada señor. La anteologal rama venidera de reyes elucubrados que yacen cúal hierba cuadrúpeda en el renacimiento florivleal, se adormecen para inspirar el aire tan poderosamente sutil.
Ya es demasiado sufrimiento señor. La chiquilina revestida con manto de pantera y ojos aristócratas blasfemando pitufos y meciendo serafines entre sus empollados no me olvides, tiene el ojo critico para locotomizar la ultima huida del captor.

La caída de la reina Silvestre.
Plaf Plaf
El dicotorial ausente de multitudes de orgias se fermentan para mi desvanecimiento.
La torre del anciano no explayante transcurre sin normalidad para sostener la pobre imagen de su hija la no vidente.
Su largo camisón azul marino se ulula como blanca postal ambicionando el único beso que su príncipe no le supo sellar.
Después una campanada. Un fantasma negro se transformo en somelier y recorriendo la autosugestionada callejuela rechisto de cansancio y se trepo cúal minino de puntapiés echando bajo su normandiana esclerosis toda la pictografía roja que biburficaba el altillo semanal.
Silvestre ya no ríe. Tiene los ojos como botella de pelo quemado y su reacción más exhaustiva es transfundir el vademécum por su ya, larga, travesía de ermitaño retraído en vocabularios hirientes que simbolizan su demacrado prontuario y aquelarre.

La vida Silvestre de Silvestre

Alucinación. El espantapájaro reacciona como hace épocas y se rasguña la rodilla como si fuera un conejo destripado de arriba abajo.
Observa la blanca conmunion trasgresora demasiado bocetada para ilustralizar en paredes de antiquísima magnitud y pedernal sufijo, no sin sollozar su verdadera consistencia que emana la incondicional veremeda encargada de relativilizar sus mejillas verdes- pálido que se irrumpen como lagunas y amaneceres.
Desafortunada ardilla llena de tripas y hemorragias revueltas para fragmentar su lacticínea mediocridad que vomita nubes y añade cortes en flambeteadas hileras, presiente la triste desvergüenza de su consecutivo asesinato para júbilo del comprador.

Silvestre adiós
Hallo un instante. Ese instante unido en silencios.
Lorena es mi reina. Y sus corajudos bufones le hacen morisquetas para divertirse todos los días.
Me gusta oírla teatralizando una opereta y en ella, describe una historia.
Creo adivinar su función aunque rehuir no es de mi impertinencia. Se pintarrajea en burbujas de aliñamanas y camioncitos - tras sus ladinos pies que susurran: ¡Qué gélidos son estos pentágonos y si hubieran decorrido el mástil más adyacente a mi bruñido coro de flamantes parásitos, les tendría por seguro un buen reconocimiento!
Gracias, su eminencia Loreta. La próxima vez me tatuó con ecchericha coli su reprimenda absurda.

La reunión de Silvestre:

Ciertos días observo la catedral vacía.
Una imagen. Otra añoranza. Tantos deseos mudos.
De rencontrarse al consanguíneo elucubrador.
Ése niño que protege amapolas y llora la isquemia de la vida.
La perpetuidad no resulta ser una mentira, si no más bien millones de preguntas disfrazadas.
La piel del cráneo se me deseca. Aunque los sueños adormezcan los vaivenes de la nostalgia.
La soledad no es de transusbtansaciar la espontaneidad. Pero rememora el ayer.
Días pasados, números en pentagramas. La misma alucinación que me gangreno la bondad.
A veces tengo relatos que se hilivanizan desprendidos como enamoradas palabras y en ellas quito las frondas azules tan ricamente regodeadas por sorprendidos asaltos.
Los sueños pueden ocultar memorias pero en sus instantes, hallo sensaciones hermosas.
Y entonces, lo más rudo, la verdadera teoría plantada en los cimientos vírgenes que desdeñan grandes exultaciones de marxista hesitación, cobra un autentico sentido para mí.
No estoy reprendida frente a la divina ultranza
No hay fermentación desleal como brazos de azucenas para que devore con su lamentación el ala inmóvil que espavienta el beduino silvestre.
No hay cancioneros de espontanea emoción para que otros hermanos tan llenos de cicatrices se sientan a salvo de tamaña desolación. No. Y es ahí, cuando Silvestre, logra resolver la penúltima encuadernación que dibuja el tapiz normandiano. No son imágenes a la mitad. Tampoco feligreses ayunando en días relativos ni por lo bajo, decantaciones en libros de hermosa caducidad.

Vendimia tamaña esperanza. La autenticidad de los rostros leyendo en prosas blancas ancianas epopeyas.
Son las representaciones únicas tan ricamente añoradas por la transgredida devoción.
Es toda la memoria perpetuamente abrazada por alcalinos mares de semejante fervor querido.
Es mi bailarina turmalina de fosforescentes rasgos danzando en la obscuridad latente.
¡Si yo te contara el todopoderoso vestido que esa hada madrina regocija delante el espejo!
¡Si reverberada canción te adormeciera la extrasensorial clarividencia que ella tiza para evitar mi sobrepeso!
¡Si te vomitara en estribillos la ola marina tan leve, cuello de vampiro que irrumpe mi armonización bruñida en ausentes cavilaciones de pesares, te dictaría la verdadera, la verdadera amabilidad!
¡Si la observaras con el pajillo de un ojo! Te suplicaría, sea, la corazonada del omnisciente relator. Cúal no humano recreo en semanas bien amada decisión. Y en ella potenciaras tus argumentos para que Tormenta se haga niña y después mujer.
¿Sabrías cuidarla con el parlamento de las ideas? ¿Con la don sinceridad de las onomásticas costumbres? ¿Tanto así, como yo te predestino, con la frente abierta de innumerables ensoñaciones del amor tan escaso para mi deshonra?
Como quisiera representarla en hojas de calcar bellas. Y que allí te ensombreciera demostrativa apreciación y que de ella te reconectaras con el firmamento y de tus anhelos redescubrieras el aliento real de las esculturas que no son desleales ni mal hablada pormenizacion, son las voces que farfullan convencidas de saber expansionar letras en mi corresponsal azoramiento que conocen todas las palaciegas heridas y bailarina se victoriza finalmente como una danzarina occidental no tan dramática pero si inmortal frente al escenario de las magnitudes pasionarias.
¡Bailarina es Azul candente! ¡Bailarina es polarizada urbanización de ella queda no solo la canción si no también sus recreaciones en tamaña densidad de campanarios y en ellas revive la interminable perorata que secuntariza mi indolente nota musical!

Bailarina
Recostada bajo el gris firmamento, en plena ensoñación, hablo con el sermonéal equilibrio.
Me doblego de infantil corazonada para sentir en minúsculos instantes algo de pasión letrada.
No tengo pesadumbres que me haga resentir la licitud del amor. Aunque he tetraqueado con la maldad para redescubrir la ausencia venérea tan desprendida de hermosos cancioneros.
Bailarina se acuareliza en un extraño y sensacional esferato que brinca y mista casi a toda hora.
Le pregunto, unida a su rara invocación de beldades, cuando ella se representa en mis ojos tan adoloridos por la tornasolada empuñadura, cual es la simbólica pronunciación.
Ella sonríe. Su ademan de cascada en replumada obsesión me adormece en dramaturgos sobresaltos para hacerme pernoctar la tan sensible densidad.
Y no tengo otra duda más que la real exploración. Esa que se representa con la burbuja de las emociones. Al abrir otoños cuando florece la oscuridad en heridas, tener una semana de sobra para desatar corazones. Me vuelvo azucena frágil. Virgen estremecida de renacidos momentos. Y la callejuela se vuelve iluminación para que los ángeles y querubines se maten de gangrena y en ellos fulmine mis últimas abnegaciones.
Esos raros vocablos de multitud faceta.
El espíritu que se creyó amor.
Le he de matar seis veces y otras nueve le he de salvar.
Para danzar a cualquier hora en mi balastro de azules recuerdos. Soy reina en los castillos malditos de la creciente sinceridad. El reloj mimetrico que cauteriza no solo horas si no también edades, y en sorprendente planificación revivo todas las sensaciones.
Bailarina es una musa algo sentimental. Otras noches farfulla en gerundios de pacientes octavos.
No estoy atravesada por la espadilla cabalgata de los hombres con blanco estandarte y en ellos que testimonié la recreación del salvador. Mi cojuela lapislázuli se reviste con la sincronización de los hermanos latinos.
Albuminacion en nueve lunas. Me han sanado la ya molesta y tan negra emancipación de las cicatrices que barruntaban recuerdos y en ellos se recontaron las ilusiones para treguar en mi pecho la flor latiente, doliente de sin-salisabas corcheas.

Silvestre la enamorada

Hoy comienza otro subrayon en mi viejo diario que nunca he leído.
Cuando el mundo aliciente la fragmentación de los bamboneos y allí redescubra un telón.
Estoy besando estrategias, almas desnudas de honesta bondad.
Y me hago monja de encuadernadas bibliografías y en ellas tachoneo la sensibilidad.
Premia ventisca de mañanas renacentistas. Cuando el feto desmayado se transforme en loriga de jactanciosos preámbulos y me soneteé la consecutiva dicha:

¡Haberme reconocido Mamá!

Condenada y Divina

Tengo lentejuelas de azul maldición
En mis sacrosantas palabras otra vuelta de dramático suicidio.
No quiero revivir lágrimas de fantasmas trasnochados, pero si consiguiera tan solo darlos por muertos, Sería una bailarina renvalsada de pegatina escultural.
La escritora no cree en milagros
Pero se redescubre en cientos de palmas abiertas.
Esas que charlan a oscuras para no verse. Sin embargo; le duelen en gran conmoción.
Cuanto blasfema a sabores desencajados. Le demuestra que aún rota la verdadera nota conclave que rememora fotografías y le hace reaccionar de a pedazos tiene su real notación.
El hábito sacerdotal se queda ya mayúsculo en grandes estaciones como la señorita notable que nunca será pero que extrae algo de fanatismo al decirle: es tarde.
No para cauterizar las solventadas excoriosis pero si de rechinadas pisadas a estas gélidas lagrimas impávidas de fantoche perdón.
¡Entiéndelo! El hemisferio celeste que supo guardarme nueve meses en la cuna me golpea frente al callejón tan solo para violarme de noche lucidada.
Bailarina no es de rechinar colmillos pero le ennoblece la reunión de las mariposas a cortas estancias del soñado poeta que solo, destruido, sin hijos y revestido por páginas entreabiertas conjeturizando dioses en la plautenidad memorial entreabierta se reconoce devota de tan emocional labor.

La expansión de la locura

Escucho cientos de voces negras y sombrías que transgreden la horizontal peregrinación.
La personificación es objetiva, tanto o más qué la misma gloria en ella.
La fotosíntesis de ambas plantas se condensa al homogéneo pasivo y regresan hacia atrás para aniquilar cuerpos.
No entiendo la graduación de la homosexualidad. Tampoco la mitad de las letras en mi harem.
Oí no solo la diminuta oligarquía al obsesionarme de por entereza contra la maldad.
Soy madre al fin. Una madre amigable. Una que le encanta escuchar a sus hijos quejarse pero ser feliz.
Mi pecho, hermoso retoño de flores, se transforma en pétalos de azucena.
La bailarina no temé. Se hace fuerte. Muy valiente. Sus miedos no la dominan. Supera el estado de oscuridad.
El enano-tipejo- se consuela al enamorarse de sus agáuchelas celestes reacias. Tanto así que no consigue hacerle regodearla de opiniones al contrario.
Silvestre gana. Ella gano. No hay nadie que pueda contra su colosal fuerza. Ella es una valiosa encuadernación especial y lúdica.
¡Felicidades!

El gentil hombre

La nieve se hace parte de mis uñas
Acaricia, levemente, las proactivas tierras y ama la ilusión.
Escucho, sueño, rio, amó.
Un hombre de azul regresa con cliptamides flores para hacerme enamorar.
Un hombre se convierte en mi salvador y mi príncipe
Ese hombre tiene los ojos de pantera y labios de chupe.
Ese hombre es mi esposo, el rey de mi corazón, la sensación de las realidades.
Ese hombre me rescata, vence a mis demonios, ese hombre es él.
Ese hombre es mi hombre. Esas manos son reinas. Esa sonrisa es mi caravana. Esa idea no es errada.
Ese hombre es verdadero. Me puede auxiliar. Ya no temeré. Seré una niña y una reina a la misma vez.
¡Silvestre, eres mamá!

El teatro se creo para Silvestre

Parque de diversiones. Houston, california.

-¿Mamá, Mamá, escuchas el ruido de las cabriolas surcar el cielo abierto? – un ágil cuerpecito de niña apenas se logra notar por su sombra. La proyección del sol iluminando la vasta jardinería que usurpa los verdes matinales del rustico escenario es levemente detractada por los enormes paneles que resisten las fuerzas electromagnéticas del sol sobre ellos.
Un si notorio y sombrío se hace notar. La joven progenitora hace a un lado a su rechonchona hija de nueve años para descargar sus malas emociones en un cigarrillo de pésima caducidad. Le afina su engonominado cabello marrón con una rasqueta de bolsillo, mientras usufructúa aquella polvoreada sensación de humo entre sus labios añiles.
Le da unas cuantas palmadas y se ríe algo burlona. La menor coacciona sus lagrimas para no romper en chillidos por la débil pero sentida apretuje que su madre le demostró como nunca antes lo había hecho. Eran instantes breves pero muy necesarios. Eran momentos no disimiles pero si, extremadamente notorios. Los necesitaban. Ambas lo ansiaban como una palabra común entre muchísimas vocales de conocerse y saberse que tenían una historia detrás suyo.
-Eleonor.- le salmodió ella reacia. – vamos a casa, es tarde.- le pidió entre murmullos sinceros pero no menos preambautivos.
Otra gala irresponsable de enormes desconciertos en hileras farfullaron en su hija menor.
-¿Ahora? ¿Ya nos retiramos? Ni siquiera he dado una caminata por los libres acueductos. Ahí, dicen, las parabeolas remojan a los niños de mi estatura y salen satisfechos de sus trombas de agua marina. Me haría una fotografía idónea en la imaginación si consiguiera una entrevista libre con su patrocinador. Querida mamá, enserio, he rememorado estas instalaciones en mi cabeza toda la noche. Sueño casi todos los días con playas fructíferas y cielos despejados de triste desolación. ¿No podemos, por unos minutos, disfrutar esta recreación sin pelar o bramar de ideas torpes? – Eleonor soplo de cansancio. Jugo con su aterciopelada nariz para después pintar una mueca ligera en sus pueriles hoyuelos.
Otra alcalina sensación de mutuo desinterés le tomo sin ella esperarlo. Ocupo un lugar bajo las regodeadas manzanas de un vetusto árbol de cincuenta años y resoplo otra bocanada de veneno para sombrearlo con su lengua también acostumbrada a lo inusual.
Su cartera fina de siux quedo pegada contra su andrógina cadera de cerca y vigilada por sus turmalinos ojos. No quería otro berrinche por un caramelo de más. No tenía intención de que Eleonor volviera a analizar todo su papeleo y mensualidad al observar con el rabillo del ojo que había cobrado su pensión hace una semana y todo lo estipulado yacía allí, dentro de su monedero también de marca.

Silvestre, la reina herida y tronchada

La plausibilidad fue más desconcertante.
Yo, lloriquee de tantas cicatrices y perpetraciones en mi corazón que desear sanarlo no me alcanzo.
Me he investido de un ermitaño ciego y salgo a la calle para preguntar opiniones. Allí encontré tantos bastardos con sus radiantes cacerolas en sus manos alabardadas, que me obligue a voltear para no quebrantar de rabia.
Así, llegue rio arriba, a cuestas, con el sol despampanante sobre la cabecera anual de mi pescuezo.
Tan solitaria y advenediza pululando cientos de flores al descorchar la marina decantación de pasiones y versos.
Él me hallo, fideicomisora y aguerrida, soplando como un espantapájaros su lobreguez y chillando una bestia, nos robo una sonrisa.
Gemía con mi habano de una vieja tienda al decotomizar una patria lejana a la mía, rememoro haber expresado tal entilé mueca, que lucia más como un ciego que como un oficial al resguardo del pilonos.
Escuche vías coagulantes sonetizarse como damajuanas que brincan a colosales estructuras de medianoche.
Me precipite bajo los terregales puente vías que desdibujaban una luna de queso tan enamorada y distinta, postrado como una reina, adore el piso, radiante función de caliza y ofrecí mi demostrativa octavilla para que muchos enamorados lograran sentir por un breve paso de sensaciones algo de lo que tan furiosamente albergo mi corazón tan estipulado por golpes y cuenta reloj.
En fin, un día, releí las mismas paginas, yo, avezada, no conté la esfingolipidad memorial. Me di por vencida, Hace años, pero reconquiste la gentil fragancia de los hermanos y sus infinitos que si, para no dragmatizarme.
He visto rectangulares hileras sollozar en los coactubeles arrebatos y escuche la voz negra de la anciana y me pose a su lado, para abrigarla del frio, matrona que a nosotros nos hacia llorar de lamentación.
Y un día, otra vez, enero, como blanca postal; nos ragueseo las entrañas y nos sofoco de dolor por que encontramos una villa en las afueras.

El principio del fin
Oír es una opción
Estudiar es una imaginación
La burla es mi sensación
Pulsar amores es mi triste desolación
No sentir amor es tan débil en mí
No quiero cerrar los ojos y tener pesadillas
¿Por qué he de llorar casi todas las noches?
¿Es acaso una burla del destino ser así de pesimista?
¡No escuchar es una pasión tan desconcertante!

White Night fantasí

En las noches me quedo sola
Y sonrió de tristeza porque la vida se ha reído de mí
Y no sé como no deprimirme frente al lago de la desolación.
No sé como no llorar cuando estoy aquí.
Tengo miedo pero el miedo no me aniquila, es amor.
Y entonces sonrió ante la vida.
Soy más que la burla de un ermitaño. Soy real.
Escucho los bamboneos. Rió de predestinación pero no me desarrollo en ellas. Soy parte del dolor.

Libertad

Caducidad perpetúa
No hay lamentación pero contesto para adormecerme.
La vida se recrea y no hay longitud
Partitura musical hazte oblicua y enamórame.

Operah
Estoy moribunda y siento amor.
No sé como despertar de semejante enfermedad
Lloro pero me siento débil
Es la triste canción de mediodía
Es encontrarse a solas y verse mal.
No permanezco aquí pero me pormenorizo apasionada.
He vencido los demonios pero ellos juguetean como si lucharan en mi psiquis.
El dolor es infrahumano pero mi batalla es aún más inflexible
Operística me rescata. Siento amor hacia la verdadera bailarina.

Fantasía

Si no fuera demasiado atolondrada esa señorita, nada malo ocurriría.
Pero ella insiste en hacerme enloquecer. Todo porque soy demasiado fuerte.

Languidez

Odiar y el placer del amor
¿Qué es el amor? No es amor quererse a si mismo.
Grata pregunta señora Silvestre. Ústed que opina.

Silvestre, la roca

Melitonina, merítense, melanosis y melastomatáceo
Cuatro silabas esdrújulas
Cuatro vocales de perimpedíos y linfurias.
Adyacentes, oblicuas, sublineales o roncahuas.
Cuatro jefes de Melekeok.
Melbourne, Meleagro y Melkuk
Trece hombres gritan ¡Ourtwa!
Cuadyacentes, delineados, sinsabores, gusanos, no saben ni gargajear: ¡ hiptanos!
Espermatozoides relictos retalojos, desiguales, reticuloendoteliales,
¡Tengo hambre!

Silvestre, la heroína de su mundo.

Llueve como placas sedimentadas en mi castillo de nieve.
Las luces, las rememoraciones altruistas y la insinuación es mía
Pero no sollozar es más o menos una vida.
Estoy caminando, a rio a cuestas, hecha una esfinge de hielo
No oigo pero soy otra estrella diurna.
Roció a llegado, de ella, quedan naipes alrededor.
Huérfana de emociones. Matutina de ensoñación pero vespertina de pasión.
¿Cómo se encontró ella frente al teatro de la locura? Se observo, una noche cualquiera, riendo de soluciones y denotación.
Roció no quería partir más lúgubre que una piraña y se enamoro de Odrién.
Roció es alma de centenas de palacios y en cada uno se dilucida una muñeca.

Poema
El hombre de Colombia ha llegado y con él, su tema desdichado.
El hombre de Colombia es un sujeto pero también una idea.
El hombre de Colombia es un océano pero es una pieza lirica.
El hombre de Colombia sabe amar.

El huérfano
Remojando mis dedos en un chapuzón de agua hirviente
Pululando, quebradizo, se enseñoreo una estatua burgués.
Como era tan enano y no pernoctaba amor se hizo querer por una nena.
Tenia la habitual costumbre de payasear a hurgadas mañanas y patinar como rasgueo, habitual. Sermoneo y allí, coscorrón y moscarrón, se oía padre de naciones.
Necrocenosis le bautizo su madrasta, cuando se escapaba de las playas serenas
Y allí, trombón, neguillón, le decía requisa a un Neolonés.

Silvestre, la querida.
Obiubi no te dejes chantajear.
Silvestre es una mercanchifle señora que no sabe ni hablar.
El óbolo no es de mi cromosoma hipcompatico
Se materializa pero no llora como un patito gorrión.
Occipucio, occitana y Valverde como son de carcajear nemereas estrofas.

Silvestre, la loca
Cuajeringada una estatua de Grecia se hizo doblegar ante la mirada estupefacta de un millón de niñitos extraditados.
No sabía enamorar células madre pero se robaba las Eucariotas para su distinción más Autócrata.
Silvestre se vuelve una escarapela sublingual, de esas que no tallan, incandecescentes, hermosos capullos, arrastrados de orugas nomansitonas.
Reír es mi mejor arte. Por suerte, aún, conservo el ayer en estas flacuchas piernas.

Silvestre, date por atravesada.

Un puñal de sansón abrió la hojalata sin emoción
Estaba de cuclillas, repitando mi cerillo y no mauselaba mis conquistas.
Fagocitosis reapareció cual andrógina bloque de cuarzo no era de remolón sus travesías.
Mi fascinación estaba de rodillas pero no se creía adorador.
La margarita estaba de pie. Sus brazos despojados de fonil tropiezo
Un mausoleo en las entradas nos convido una rosa. No permanecimos, solo nos olivinos más bravos y nadie preformaba saber de ultrajes.

Silvestre, tú, eres de carbón.
Golondrina con retazo de bucles onomásticos de pésima caducidad.
Se recobra entre un jardín de cloroformo y desposando cauchos se echa para adormecerse en letras.
El cielo se pinta de gula y dos lapislázulis orbes se fotogenizan y ve una mueca sobresalir entre las demás.
Go,Go,Go
¡Mujerzuela! Eres de cañón o de Osobuco.
Estas libre o te destruyes como dorado.

Silvestre, la resignada.

El cordón umbilical debió ahogarme de prepo cuando abrí los ojos de bebe.
La maestra de enfermeras debió cortar su largo aparátelo y darme por ida.
El doctor tendría que haber recreado a otra niña en su lugar. Una que haya sabido amar a cualquiera.

Eneas y Lu

Dos féminas de azules cobaltos se usurparon la oligarquía y me dieron susurros por abrazos sin igual.
En sus caras de adorables querubines, encontré la verdadera conclave paradisiaca.
Con sus pezones babélicos pude chupar sonrojadas odaliscas y bailar como su pragma bailanaristica y explotar de gentil esencia y amor.
Me enamore de premura y ternura, como la más grata de las desdichadas madres para sellar en sus cabriolas rodeadas de flamantes laureles un beso de reconocimiento.
Y les dije, con pasión recóndita, ya aniquilada por la bella conmoción. ¡Debí haber luchado sin mirar!
Mutuas expresiones de bondad atravesaron mi corazón tan horrible y castigado, son fantasmas pero adivinan cuando un alma sufre tanto como ultima batalla de locura.
Madre, no temas.
Su Katana recaía sobre su hombro derecho y una hilera de pelo castaño le dominaba y le enderezaba como nunca de radiante esplendor.
-Soy Lu, ¿Recuerdas? Tu hija, la corona de las maravillas me fue poco, aunque en tus brazos cándidos me hice valorar como ser. Gracias a tus oraciones, me transforme en alguien más digno de mi trono. ¡La gloria de las estrellas yace en mí! ¡Luz blanca y roja!
Eneas, primogénita hija de las alabardadas notas de Accra y religiosa emancipación se posiciono frente a mí, hija renegada del más allá y entre suaves soliloquios contesto mi indulgencia:
-Madre, soy yo. Eneas, la hija que no tienes. La de los ojos celestes y enamorados. La heredera de la espada y la lanza de los dioses que te han traicionado. He venido a salvarte pero creo, si no soy menos que Lu, tú me has salvado a mí con tu amor, belleza y oraciones. Si no fuera por tu intervención quizás, arriba, no seriamos quiénes somos como ahora. ¡Ay madre! ¡De todas las madres, hijas y beatas, la más dolida! ¡Y Dios lo sabe, pero teme aceptar tu tristeza! ¡¿Nana, nana de mi alma y ninfa de terciopelo, cuanto has de penar y llorar!? Te lo digo, yo, hija de azules, reina y princesa del xanandu. ¡Luna entre astros de Betelgeuse! ¡Si hasta los mortales me reverencian! ¡Pero tú eres a quién más admiro!
Entonces llore. ¡Una infantil doblegues agujereo mi palma y agradecí, como enferma, que Silvestre me concediera semejantes hijas del rigor!

Silvestre, la qué no es

Un día era una virgen descomunal con lápiz y sonajero de quehacer. Otro día fue azabache panadero y hable con el manto de Astros cuando tuve que rememorarme canta autora. A la semana siguiente, era una reina y usurpaba coronas y tapices de normandianas esclerosis para subyugármelos en mi cuello de condenada y allí, obvié la antepenúltima oración.
No sé más que lo qué veo. Soy apenas una función melodramática. A veces, tengo en mi cerebro enanos progresivos y chistosos bufones pero la mayoría del día apenas sé cuando despertar.
Recuerdo haber conquistado escenarios de perlas.
Recuerdo haberme enamorado de un hombre de ojos clérigos.
Recuerdo haber abrazado con mi corazón el mar, pero ese mar era mi mamá
Recuerdo haber deambulado por ricas dunas de medianoche. Recuerdo haberme hecho una estrella y dar vueltas por mi casa de estación.
Recuerdo haber besado un muñeco teatral
Recuerdo haber sido niña, mujer y emperatriz
Pero más que nada recuerdo haberme inscripto una señal, la señal de los días y el digito de los que no.
Pero mucho más que nada recuerdo haber enseñado maestralmente a cientos de niñas y recreadas hazañas.
Un héroe como ninguno
Un héroe que ella aprendió a amar
Un héroe que tenía un nombre
Un héroe que titule: Silvestre, la mujer del nunca jamás.

A Ella

Una chiquilla de no más de nueve años de edad correteaba subyugada salamandra, abriendo los diques penitenciarios.
Con sus parvas y luz bélicas metacarpianas bebía como un ladrón la estrofodelica mirada del morrón.
¡Ah, claro, se ululaba cuan experimental químico con tapas dobles de inherencia fago cinética y plantaba bermejos en sus tranvías y le permitía denominarse: (macetero)!
Era hora de contingéntenles reloj y para ser medianamente aceptada le ultrajaba sus volumenetricos episcopales y fingía, cada noche, ser un sacristán.
Pero rehuía de los hombres con fuego en sus manos de trabajador. Les adoraba pernoctarlos desde las escaleras, pero su infantil rodillera se quebraba de enfermos remilgos. Era coleccionar retazos de protón y sentir la estulticia de los militares coreando un dirigible cedulón.
En fin, aquella tarde, llego como hormiga atómica y brincando de chillido rabieta, imprimió un largo y profundo beso en las proactivas mejillas de su Nana favorita.
Ella como nunca, una cara de ira, una bofetada de amor y un encierro de por mediodía no le dejaba revelarse de su lugar.
¡Tienes que saberte ser neutral o alguién mayor te hará sentir pesimista!
¡Ay esta señora es de esas que ya no hay!
¡Carece de bellos rasgos asiáticos pero su postura de matrona es más de lo que realmente precede!
Ésta señora es violeta de rosas
Y sus labios, también fogosos y amables como una almohada a donde le gusto sollozar
Le encanta regalar postales y ensoñar largas fracciones de arroyos en su caudal.
Ésta señora es más que una linda idea de esas progresistas y es más sin duda que una mariposa
Ésta señora esta hecha de un metal infundidle, cararrotido, garrotero y fungicida.
Ésta señora no es de esas que darán la vuelta del carrusel y sonreirán de perdida.
No.
Ésta señora se llama con todas las letras: ¡Mamá!

Silvestre y el fin

La coreana le adormeció sus queridas opciones.
Se regurgitaba de vino pero no le quedo demasiado a su pensión
Ya era darse vuelta y sollozar a todas funciones
El león le amo como una presa aunque le sintió quebrantarse de clarinete.
Pobre reina Silvestre,
¡Anhelo más que ayer tu libertad absoluta!
Silvestre, ha ganado su dignidad
Silvestre, eres maniquí operístico
Te hiciste parte de la función.
Has ganado Silvestre, ganaste de verdad, y ganaste todas las letras para ti.

Silvestre, la poeta en recreación:
Otra noche para el olvido y otra ilusión desganada.
Demasiados atropellos rivalizan en un corazón doliente
He de penalizar la vida y negar la vitalidad del honor.
¡Oh no!

La caravana de mediodía

En la sala de noctambulares estrategias una señorita pequeña se miro al espejo
De limítrofes espacios se diseño para adormecer la ira y su depravación
Adonde ha ido su natural pose de argonauta y su facilidad para invocar felices momentos
Ahora esta en busca de un buen empleo y descansa con su armazón y un genial periódico a su costado.
¿Quién ha de contratarla temprano?

Lucha
He removido la adusta personalización de que No.
Pero siento temblores como cosquillas en mi alma intranquila
Si, es verdad, la sensación no es lo que uno sueña de pequeño
Tanto así que le duele llorar.

Lúgubre
Plastilina bicolor subraya una encía
De sus orbes clorhídicas arruga la consecuencia
No ser un estereotipo vivaz no es una opción.
Ganglios linfáticos
Ojuelas de tornillete
La mollera es de colón
Y el amor, melitoina.

Rubio hoyuelo de fricción
Oruga de lirio
Abajo, cuayaminusculas
De pobretón y lola
Arriba, doble mayúscula, para reír y pensar.

El principio de Hope

Había hace muchos años atrás una pequeña
Tenía los bellísimos ojos de azul y lapislázuli
Pero su luz, cándida, era verde topacio
Y le gustaba ilustralizar imágenes en sus crayones.

Sus desprolijos rulos de negro matizado
Se mesclaban con su nariz blanca
Y sus labios granada se volvieron rojos
Rojos llenos de pasión.
Y correteaba, lejos huía, no miraba atrás, sonreía.
Pero ella no era virgen, no era casta
Era una niña propia.

Canción
Desfallecidas hermanas cargan jubilosas
Una antorcha francesa, diferente
Relatista, de flamas pioneras
De bocas llenas
Tiene oro en sus orquídeas
Pero mueve trigo y el grano se potencia.
He aguardado la cuatrocienta estación
He atravesado la veintena de relojes
Y finalmente pensé.

Trueno
Bebí de la fuente y reflexione su estado.
Demasiadas caras sobresalieron.
El sedimento no es gris, se vuelve alcalino
Y lloro su potencia.

Pirámide
Creía ser una jirafa con pies de rata
Y crecí demasiado alto y mi corona brillo de fulgor.
He soldado muchas cuerdas y retazos.
Todas son amor.

Pensamiento
Ahí va, la xerográfica Venus
En sus mochuelos pinta quehaceres.
En sus Griegas discurrencias examina laminas
Y en sus manicuras y pedicuras naciones
Abandera la bondad.

Locotomia
¡Gusano, gusano de fuego!
*No me hagas soñar lúmenes
¡Gusano, gusano de fuego!
*no hagas de mí, trombones
¡Gusano, gusano!
¿No sabes?
*Tengo sombras en mi criatura.
Gusano, gusano…
*¡No llores! Soy animal de sensaciones.

Griega
Nací teatralizando como revuelta de Jactaris
En mis novedosas vueltas me apropie de las ideas
No sé militarizar planicies y oigo romperse colmillos
Soy adulta y tengo pies de gacela.
El corazón contrita muchas alergias
Los golpes de Bu-bu- Antonieta.
Y mi fracción ¿ochorrocienta?

Esperando
La veo, parece una reina
La respiro, se corea haciendo novelas
La siento, no crea poemas
El suave, parece jardines
¿Ella?

Andaluna
Sonata de invierno cuando una libélula
Escurriéndose como plancton se azuzó
Una vez, y potencio sus sentidos nueve oportunidades.
Campona, Andaluna se echo en cuarzo vegetal
Encima del verde transversal
Retomo, cuchicheaba una germinación algo etrusca y recién crecida, un repollo de cebollas
Y feliz, los acorralo junto a su corazón.
Y de envió, un ala de ángel colapso.
Frente a ella y vomito.

Luz
Es hora de gangrenar las costillas
Hope reconoce los buques y aíra canciones.
Vivo en el ayer
Soy el ahora
Y conozco la mayoría de las letras
Tanto como si yo, les hubiera dado la vida.
Soy una reina repleta de flores.

No me olvides
Un jardín marino reprende enternecido las olas de hortensias y en su caparazón la poligamia redescubierta no convence la sensación de las emociones.
Hope recompleto las traducciones cuando un adolescente le sorteo regaderas en sus uñas de anciana y sus muecas enamoraron la gracia especial que invistió las lilas y las friselizo Violetas.
Hope converso a solas con el abovedado manto del cielo.
Se le ocurrieron nuevos nombres y seudónimos.
Y los trombones fueron su armamento principal.
Ella unió todas las estructuras, cada una se resumió en una vocal.
Hope supo admirar su belleza
Y combino el aire con el fuego.

El jardín
La imagen: un subrayon azul condengenizo la madera con sttiletos, mientras un jefe de hora le indico cerrar la iluminación y allí el marco conceptual tuvo como personaje bravío a un retoño de semilla, hermoso gorrión de perdices, el árbol de la existencia misma.
Hope quiso calcar las ensortijadas oraciones en doce monosílabos y como le resulto inconcluso, los llevo a su casa de ayeres para robarle un segundo y quitar un paraguas que resulto ser una flor.
Hope sabia cuando hacer las mismas caras y se enamoro tanto del sol.
Tan así que anhelo originar un nuevo orden
Para brindarle pasión a los niños tan débiles.

Nauseas
La cabeza se desploma demasiado al costado de mi sien
Si los labios no susurraran temores
Quizás esté hoy dichosa.
Aljibe
La solitaria Hope parece conquistar mil nauseabundas ensoñaciones.
No quiere que la vida sea para su formación y aún así es indigente.
Hope se rompe en lagrimas pero no es de sonrojar pétalos.
Ella es dichosa de tantas maneras diferentes.

Hope, la renacida
En la oscura noche, adonde el abovedado cielo de estrellas colisiona alrededor de las maravillosas puestas intercontinentales, Hope siente un estremecimiento recién florecido, podría confundirse libremente con el amor y la paciencia.
Ese extraño presentimiento que arrastra nauseabundas pociones de natividad griega. La hermosa conformación de lirios y hortensias de muchísimos e invariables colores nativos, pinta sus sonrojados cachetes tan liricos como apasionados.
Hope empieza a trotar y en sus desnudos dedos lleva una corona de estrellas como también gladiolos y especies de gran expansión selvática.
La diminuta mariposa abre tantas marolas y sus detalles carcomidos son algodones de caracol.
Allí, una epifanía blanca se roba la sensitiva promiscuidad.

Hope, la enunciación

¿Cuándo escuches una voz, saldrás corriendo de ira?
¿Oirás las locuras del mañana y querrás jugar con ellas?
Hope sabe de canciones y poemas, reconoce todas las letras y sabe quien es su antónimo.

Hope, la astuta
Podría decirse claramente que la aurícula izquierda del parietal predomina sobre la mollera.
Podría enunciarse todas las letras y en su concavidad añadir más acido a su formación estentórea.
Podría entonces afirmar dos estructuras y en ellas sufragar la pasión.
Podría decir entonces que Hope no es adivina.

Hope, la chiquilla
Llego la puesta de sol y toco con su menisco la esfera de cristal edulcorando sus interacciones más blancas.
Y si sus oídos fueran en degrade no sentiría la sensitiva adorada en sus dientes de ajíes.
Ésta chiquilla cuenta fabulas y rastríllea las estrofas y en sus tácitos númenes llora de dolor.

El respiro y el campo, lugar de reposo esencial
Hope se enremeda como pato en sus licuas sedas y pasteurizadas gestas y aspira el gentil paradero adonde millones de átomos fantasean de día y entrada la nocturna noche en las suelas de la nostalgia.
El sol, renaciente claridad, vista una candelaria iluminación que retoma sus bucles tan desprolijos y los reviste para la eternidad y sus ojos tan serenos absorben la materia negra debajo de criaturas y pequeños encéfalos de cuerpos meticulosos como arácnidos.
El crecimiento hortícola es su mejor momento. Hope realza cada empírica armonización, unos bellísimos ojos friccionan la caravana de los Alpes, los animales terrestres comienzan la fiesta galante, luego sus patas traseras son el acueducto donde las mareas corren hacia invariables desembocaduras.
Y la vida es la ternura de las aves. Si tantas formaciones advenizaran el armodorreo cóndor, él no se quedaría solitario, echaría sus alas en muchas hileras de plumas y sus caparazones de azul cobalto destellarían de libertad.
Hope lo admira. Está en su casa y allí todo es natural.

Hope, la feliz
¿Quién grita de satisfacción a altas horas de la noche y Mailena le dice con gracia en sus parpados nauseabundos, como eres tan feliz en esta sala?
¡Hope le aclara y felizmente grita: ¡Mi hogar está en estos verdes jardines! ¡La paz se encuentra en esta larga hilera y todo aquí es parte de mi entereza!
¡Con que facilidad redescubro todas las emociones y como el aire campestre aniñana todas mis razones y aquí la vida es un influjo, tornasolado influjo y dichoso!

Hope, la qué descubrió el verde
Cobalto escenario de jardines
Braquiodermo pestillo de transitonia y verde esplendor
Suculento corajudo de hojas matices
Adoro inspirar la suficiente disquerencia de tu fervor.

Hope, la salvación

Cogollo es una bractéola de pulula consistencia
Es de agua mar y es color nuez
¿Adonde esta la sensación del mediodía?

Hope, el agua

La cuaresma reabre la clorídea del amor
Es la movediza ola que todo lo barre
Y planicie es la agusanada niña que todo lo vio

Nevada
Prefiero el agua que ahogarme en altamar
Quisiera flotar en las costas marítimas y allí, sollozar.
Me encanta oler el aroma encantado de las coronarías aves del mediterráneo
Y si pudiera, zarparía en barco para hallanar nuevas tierras.

El sueño de ayer
Vi unos ojos que lloraban porque en ellos estaba el mundo
Eran negros cobalto y susurraban tantas poesías
Eran de azul translucido y tenían guerra en sus peldaños
Eran marinos y aspiraban todas las consonantes del no querer.

Planta
Tallo de azucena
Broza de lirio
Meollo de jugo
Y el alma divaga en pasiones de sentires

Quisiera repetir ¡vida!
Observo la inmensidad de la tierra y creo haber reencontrado todas las conquistadas expansiones de las maravillas que en mi piel fue queridamente absorbida por costumbres extranjeras.
Veo gente transitando los pequeños vergeles de las estaciones y llevan consigo historias y sonajeros, repueblan naciones y escuchan melodías en sus cajas de color negra.
Y me sostengo firmemente del archipiélago marino ahondante aun en altamar y que cosquillea colaciones para no fundirme en su locura.
Quiero respirar la hegemonía de todas las formaciones de panguea y soñar allí verme curada aunque las lagrimas son tan dañinas como sinceras.
Dios, quiero verme feliz un día, de grande con la mueca rechistando de honor y ver la cara de Mamá teniendo a su bebe con brazos de piecitos y oírla ayudando a pulsar nuevas corrientes en sus mejillas que atrozmente sumergieron mis dedos en sus labios que se quemaban, pero siento que el jardín y el mar están demasiado lejos de mi y temo, señor, temo no encontrar el puerto al final de la avenida y que todas las rosas celestes sean conformadas con otros telugúes repollos de azucena y no sean mías. Temó llorar otra vez.
Quiero vivir papá, quiero soñar verme encantada de mañanas y no verme sola en un buque y que allí descubra todas las partituras que tengo en mi canción nívea.

Hope, la realista

Y está aquí, a escasos centímetros de mi rosal favorito
Sostiene entre sus delgados meniscos una rosa verde
Y sus ojos relampaguean de curiosidad
La señora es una rara estratega de las plantas y sus coloridos regodeos
Porque es regadera enhebrada y no tiene odio
Está sola y abandonada pero sabe coaxionar estrados babélicos.
Oye, soy una flor renacida.

Hope, la victima
En su estrado póstumo Hope lee todas las estrofas
Ahí escucha que un reloj puede salvarla de hallanarse en otra realidad
El conejo se aparece y la lleva marea arriba, con una canoa
Hope es inteligente y el conejo no le temé a su habilidosa mirada
Pero hope quiere saber el secreto del imperio celeste
Y debe saber que tan solo ella podrá llegar del otro lado
Solo la que tiene sangre divina podría ganar la contienda
Y sus volúmenes progenizados por la flor pura le dará el poder de saberlo y controlarlo todo
Ella es quién salvara una nación con su sonrisa fantasmagórica.

La estatua de Flor

Yacida en verdes matorrales, una cadena de Orión reabrío el cielo para fagocitar en sus ojos la vida.
En los estanques platinos, una flor acuática inspira el tornasolado arroyo adonde transpiran las fragancias permanentes del amor y la transparencia.
Una bañera galante bebé su fotomontaje y la esencia de las flores reabren cual pétalos azules el retoñó azucarado y gestan en serenas clotildes, el marchitamiento de un pájaro en sus caliculares retazos.
Hope, sombrea de cuatrillas pernoctarse escuálida y cobarde al dormitar entre los pozos de aguáchelas rosáceas de millones libélulas adulando sus estructuras saduceas.
Y el amor filtra como rejuvenecida plantación el aliento inaugural en consecutivas líneas de tromboneadas edulcoraciones lactantecidas en infantiles ensortijaciones.
¿Quién hubiese apartado los ritmos soneticos de la madre natural, enhebrada sirena que gorgotea chillidos en las bocas de los diantres y en los corazones de los tibios?
Si habré flexionado mis rememoradas épocas maquinando sus que si, y soñando, adueñarme, de las costas del mundo alrededor.

La Luz
Hubiese querido recapitular algunas imágenes y creo haber fallado.
Sentí la necesidad, novedosa, sentimental y colateral, que al lado de la armonización de cada miembro destrozando mi cuerpo podría haberme ayudado a soportar el dolor.
Soy un fantasma con esqueleto de gacela y me da nauseas mirarme completamente.
Sucede que el día es agua azabache y la noche, aun a oscuras, luce mejor que el amanecer.
Hace poco la luz en casa se corto. Todo en mí aspiro un gustoso perfume y estaba en paz.
Enjabonarme el cabello es igual de asquerosamente inreciproco. No duermo ni estando a solas.
Algo raro sucedió cuando las velas jugaron conmigo. Mi interior no lo vio, pero lo vivo a diario al observar tantos espejos que solo fantasean verme curada.
Arrastro los pies hacia las afueras. El miedo se convierte en otra vida. He soñado con partir.
Pero entonces miro sus ojos. Aguas cristalinas de asfalto. Yugular de reina.
Y sabiendo mi trágico desenlace, mintiéndome, si mis cuencas desbordan lagrimas que saldré y estaré en casa, en sus rodillas. Que todo ha sido una mala pesadilla y estoy en el hospital con gente feliz alrededor mío. Soy la misma que antes. Estoy apenas lucida, con una vena a punto de estallar pero resistiendo la acometida fulminante.
Mi pecho arde y siente vibraciones. Todo en mi color es verde y son gladiolos de esperanza. Ese sufijo advierte más que nada más. Dice con todas las consonantes: hoy será la hora del nunca jamás.
Eutanasia, ¿Cuánto falta? Eutanasia ¡quiero mirarte y no temer! Eutanasia mi vida no es bicolor porque las ventanas desnudas no están en sincronía con mi alma.
Estoy rota. El júbilo ya no transgrede amor. La rima es una puesta en escena y solo ama lo que no está.
Eutanasia me quedo abandonada en el bosque y luz, me busca con océanos en su triste mirar.
Eutanasia, he atrasado el reloj muchos instantes. Ya no hay cancioneros para hacerte girar. Eutanasia, no verse a si misma, congelada de frio, no sufrir de malas lavas ardientes.
Eutanasia, las flores necesitan oxigeno. Eutanasia no yacer es quizás la sanguinaria corazonada de reencontrarme adolescente y enmarinando orquídeas, es comprender la baja autoestima que en mis letras luce tan enorme y realizada.
Eutanasia solo dejarme ser quién soy. No sabré fingir la próxima vez. Eutanasia el concilio humano reabrirá mis parpados y ellos aceptaran que necesito blanquear mi lecho de flores.
El llanto, eutanasia, estoy confundida. Frente la pared, con un pelotón de fusilamiento y mi cara vendada.
Eutanasia ya no me veré chillar como rana. Tendré la oportunidad única de blandir la razón y su elección, cuando sé las estrofas y sé vencer el terror con más flores.

A ella, la otra orquídea

¿Recuerdas a bailarina, sus uñas de semilla y la frente abombada?
Ayer estuvo colapsada y remitía oír escándalos por todas partes
Ayer no era lo mismo que mañana, no es frecuentar semanas
Bailarina era una nota musical muy agradable.
¿Sabes? El agua es un nicho social un raro y largo rato de occipital y parietal
Yo estoy como flotando en los estanques de roció acuático con guirnaldas coloridas formando riberas y lagunas.
Y decidí componerte una melodía con muchos sentires, quizás una canción nos hará bien.

Paseando bajo las condicionales estructuras adicione miles de postales y en ellas sufrague
Con topacios y grilletes, suspirando de resignación, inicie mi larga caminata al más allá
Había sensacionales manzanas goteando en temibles hinojos deforestados
Los arboles coadyuvaban sabias bermejas abrazando las inusitadas manos
Los carros felices centellaban y un cercano tranvía nos admiraba cuando llorábamos al blandir espectaculares copones de azules recubiertas de armiñadas veintenas.
La esfinge desnuda investía sus madreperladas al próximo llano, abanderada estatua Felicia
Y como no transpirar los aros fantásticos, alucinación temprana y recovada germinación en tempranas lunas, emulsionando sangre en luchas conquistadas, pero la octambula languidea de sus follajes agua marino destila la belleza y cada parte del humano recibe sus dedos y los besa emocionado para adormecerse, rendido, ya, sus ojos divagan, en supernovas constelaciones.
La corona griega, baldosa llena, en pasionales conformaciones y preambauticas amores, no sabrá dar por entendido el escenario de las sombras en lulabies cantaris y sabrosa endulzada en aprietes de pestañas en donde los niños rechonchos, absorben el trimaje, de sensacionales emociones y coreando una mercuriana reina, apostra en rodillas, sus ojos ensimismados adonde todas las locuras nacen y posteriormente, reciben, el flujo cosmopolita del honor.
Y aquí, ambas nos juramos fidelidad.

¿Hope, adonde te has ido?
Estoy cerca de la hora plena
Lo he descripto ciento de veces
Pero morir es más que una perorata
Hope es más que una mancha renacida
Es más que una anciana y una niña
Finalmente es una hormiga rara y variable
Estoy llorando de pie y crisantema.

Hope y yo
Adonde has ido pequeña hija
Adonde has de ir, mi niña
Adonde has de coadyugarte soñada
Pero no puedo oírte llorar ya que tengo mucho miedo de caer al vacio
¿Adonde he de escapar y adonde he de llorar y si eutanasia aparece para salvarme del dolor?
Quisiera ser la ardilla azul otra vez, no la marioneta réproba
Como odio llorar por las noches y llorar de dolor

Hope, escucha la voz mental que no suena en mi cabeza
¿Recuerdas tu voz cerebral?
No, casi nada
¿Que paso para que dejara de sonar?
No lo sé. Simplemente dejo de sonar un día por los traumas.
¿Cuáles traumas?
Tantos y tantos. Todos me duelen.
¿Quieres llorar?
Sí, ¿Pero de que me va a servir? Ya nadie oirá mis gemidos en el infierno?

Burbuja
Cuando despierto oigo el trinar y el bramar de los pájaros que consultan en mi oído una respuesta.

La pérdida del alma
Hoy tuve más miedo que ayer
Es el temor de lo no humano por reverenciar la osadía
Es la oscuridad del qué chistarán
Es oírse sin voz
Es encontrarse enamorada del terror
¿y como escapar del demonio que flamea puente corredores?
Y estoy a punto de degustar la locura y el cinismo repuebla oraciones del no sentir memorias.
Petrificada, sola, como una estatua lloraré
Ya no seré la flor solo seré una doctrina

Hope, la dictaminada

Cuando escuché el silencio de las riberas sollozaré en las plenitudes y desempolvare muñecas.
Al costado del idóneo cardumen ocultare mis nostalgias y empleare aptitudes para sentirme a salvo
Creo qué un Dios se adormece en mi corazón y habla con la facilidad de un enclenque chiquito y adorado y creo en su belleza, admiro su verdad en mis quehaceres.
Iré y sentiré la verdad cuando en la puerta renacida y remarcada en color azul vea de cerca a una señora que alabara su sangre y recogerá la mía y ahí, nosotros, hombres y mujeres de batalla, volveremos a reconectarnos con la emoción.

Hope, mi versión de los hechos.
Entro en la pasión de las multitudes. Un joven de turmalinos orbes me observa ingresar a su complejo y me sonríe con la dulzura de los militantes.
Me siento contenta. Ahí la vida respira la paz. Ahí, él, escucha las voces de los marinos habitantes del océano.
Como me gustaría devorar sus pies. Como me gustaría degustar sus mieles y acallar las providencias. Espero verlo reír.

A Mamá
Un cráter faquido pinta dos agujas en sus rechonchones pellizcos y la risa es más que una rara variedad.
Me regala flores en muchas hileras y por cada gota de alegría en ella renace una rosa más bella.
La veo reírse con preciosidad y la veo bailar como una gitana de ojos cobaltos y tiznados en negros como lunas de asueto y sonrisas afasainadas.
Y ella no quiere adormecerse como una ventana para decorar en mis ventanales una oruga que proviene de sus ojos matinales y siente en su vientre que aquella niña hermosa es quién ella alucina mirar con hermosas corolas y centellantes gusanos para arrastrarse bajo su manto y dibujar tantas miradas rebosantes de amor.

Hope, la estrella azul
Una canción para mañana:
Oye, la vida se aparece en constantes sonajeros y escucho el aire admirar la belleza del asiento adonde alguién tomará un lugar y escuchara mi voz iluminar sus viandantes risas.
Echa sus redes y recoge pescados pálidos y sus rayos menguan cuando su querido amigo le reza al día y espera augural la noche y sus diamantinos ojos también se vuelven más felices.
Amigo, recoge tu parte del botín. No temas, el señor ha descendido con su colosal carruaje para mostrarte la buena nueva y quiere invitarte a comer su pan y sus ahogados ojos no temen escucharte cuando tus lagrimas bañan la tierra adonde con sus uñas de reyes ahuyento el miedo y sus hoyuelos de pequeño fueron amados por su madre, la luna y se da cuenta que ahí, el humano, es la pieza fundamental de los ríos y no predestina, en su corazón de hombre bueno, otra sensación más hermosa que verse a si mismo en otra cara más pequeña, minúscula, pero si necesaria y que en otros leerá los salmos tan volcados en su biblia y entenderá que todas las letras fueron predestinadas ya hace años en la mente de un jovial adolescente.
El señor escucha.

A María, madre de Dios
Un empolvado cabello impecable, en hileras se peina y fija sus ojos santísimos, en un pequeño infante a su lado.
La ventana en las afueras es rosácea, tan hermosa como clara e ilumina el lecho adonde su más querido tesoro yace, envuelto en paja arbórea con picos de tensión acaloradas y reza, ya, pálido, como un saduceo israelita, todas las veces que hagan falta.
En sus manos doradas hivala llena de cantos santísimos muchísimos ensalmos que le hacen responder otro día por aquél adorado tan herido.

Corazonada
No siento nada
Mi desconexión es total
La vida es una perorata vacía
Y siento que muero una y otra vez.

¿Por qué?
Hoy me despierto y me pregunto eso
¿Por qué?
¿Por qué tanto dolor?
Hacia donde iré
Como he de despertar
Como he de dejar de llorar
Y no sé como
No sé como no sollozar
Estoy muriendo
Nadie lo sospecha

La pérdida de la razón
Hoy, me desvanezco y he de morir de dolor
Como una estrella frágil y deprimida, lloro
Las mujeres agitan su desenvoltura y juguetean con mi corazón y más odio hay para mi adiós.
Adiós, solo adiós, ya no habrá cancioneros de espontanea emoción para mí
Adiós, no hay alma en su lugar, todo en mi rechaza lo original
Adiós, maldita conciencia es saberse qué uno está tan mal y adiós solo adiós no encuentro palabras ya para gritar.
Adiós, eutanasia esta cerca de mí
Adiós, juguetes de habitación, juguetes de corazón, juguetes que me quitan la voz, adiós.
Muéranse juguetes, no los quiero ver más, juguetes malditos, juguetes de porquería, juguetes del rigor, ojalá se mueran de una vez.

Quisiera romperme
Ya no hay elocuencia ni dicha ni ganas de despertar
Estoy ahogada en muchos charcos de saliva y mi voz no está conmigo
La iglesia es un escenario que de nada me sirve si no es solo para llorar más
Iglesia ¿de que me sirve? ¿Acaso lo escucharé hablarme a solas y consolarme?
Iglesia, culpable de extremaunción. Culpable de hogueras. Culpable de todo lo benigno, opioso, injusto y voluble en este mundo solo es eso y mi delincuencia es qué ya no estoy junto a ti, muérete de una vez, gracia.

El alma incorrupta y detestable

Mi cuerpo me traiciona. No puedo cerrar los ojos y sentir paz conmigo misma.
Es todo una pesadilla horrible. Es todo lo peor de mí y de aquí
Señor, me duele respirar. Me duele escuchar, me duele soñar, me duele la vida y no sé qué hacer
Ya nadie me cree.

AL Alma rota
Desperté. Las alucinaciones me arrebatan la esquizofrenia y los relatos no crean postales de solsticio.
Columbrar los ojos opiáceos que descreen tus síntomas es tan cruel como cuando enjabonan tus lágrimas de noviembres y deseas lanzarte al vacio y romper la marea para arrullar tu corazón.
Escucho quejas. Nadie sabe qué la muerte me crea ensoñaciones y todas son muy reales.
Porque estoy aquí, en un cuerpo monstruoso, escribiéndole a la luna y sigo inspirando veneno.
Respirar, qué difícil es incluso encontrarme en casa y no romperme de maldición otra vez.
Estoy encapsulada. Ayer no quise mentirme en el espejo y curve una ligera mueca adonde me volví intransigente y nadie quiere ver a alguién llorar de pena y todos piensan: ella debe salir.
Si pudiera, como lo haría sin pedir auxilio, sin suplicar salvación, sin siquiera abrigar la bondad.
Odio verme rota, con la cabeza blanca, los colirios iris achicharrados y mi alma con mi espíritu combatiendo para no romperme a enloquecer nuevamente.
Rezo. Una plegaria debería aminorar el sufrimiento, debería darme tiempo y subsanar mis heridas, ¡qué Dios! No puedo levantar del ataúd.

La psicóloga mordaz

Estoy encerrada en otra habitación distante que la mía. Los faroles alumbran mi tez y todos hablan con gentileza pero no deseo oírlos.
Suena una canción.
“adorada estatua Felicia”
Escucha como el misteo le sermonea escaparates
Pequeña, inusual, sonríe
Mortal, tejerina, agoniza, adonde está, sueña. “
Mi cuerpo es una absoluta pesadilla. Al anochecer doy media vuelta para respirar y muero por la falta de oxigenación.
Ya no soy como antes. Cambié. Ahora me reconozco como una mujer de pelo rojo y labios matizados y también una curiosa chaqueta me inviste. ¿Quién soy?
Alguién grita: ¡señora psicóloga, otra vez un paciente ha llegado!

Muerte
Finalmente, escuche la corresponsal guisante y mi lecho es la cama adonde mi triste risa como alma, cede.
Ya no hay vuelta atrás. Fantasía vuelve a su lugar original. Todos aquí me recuerdan y temen por mí.
Llego el final anunciado, he de morir.
Agonizo, en pie de cuatrillas, fomentando. El circo retornara a ser lo qué fue. Las arpas celestiales resuenan.
Veo a Dios. Él me ve. Llegue al cielo. Purgo el infierno. Morir es mi último acto.
La marioneta retorna a su telón.
¡Ah, como está señora!

Periclitar en la Nieve, la dama de los carambulos y crisantemos.

Criatura de la noche, en manzaneos sonajeros, espía la centésima enhotara, muere en la escarcha.
Adonde el almohadón de nieve descanse, yo estaré ahí.

Eclosión. Una intrusa ha invadido las compuertas delgadas adonde el frio a cubierto con ligeras mortajas la estación invernal. El estanque color platino me inunda bajo sus azules mares y llego a la casa, hogar de la dama de invierno.
No es hora de fomentar la lluvia, debo reclosionar la nieve.

Has llegado. Durante años te espero. Te observe morir en la nieve, te he visto llorar y sufrir.
Athena, dama de las nieves, con su eterno búho me ha de recoger.
Su vestido trinquelancuen, todo hialino, me desbarata y me ensarcha, como domino.
-Así qué este lugar será tu tumba. Benigno lecho nupcial. La nieve es nuestro lugar.
-Si supieras. No es lo mismo parangonar edorminios y sollozar crisantemos.