Crónica de una Salamanca que apenas musita - XIX [Prosa poética]

poema de R. Algaba

Salamanca puede darte la vida con alboradas de oro, o puede roerte los huesos con frío, vicio y peste. En dos años habitando su tierra, puedes saborear el éter y oler el azufre.

Han pasado, en este tiempo, más mujeres por mi cama que las que narran estas páginas. Me he planteado más cuestiones que vocales hay en lo que lees. He sido realmente feliz, pícaro, conocido y apreciado; he amado como nadie. Pero también he llorado, he sido estafado, y me han roto mil veces el músculo más preciado. He participado de todas las ideas que se puedan concebir.

Viejo Tormes, odio y adoro la tierra que bañas. Quien ha recorrido tus orillas no te olvidará nunca. Yo, desde luego, no podré hacerlo, porque me marcaste con hierros candentes, con uñas de mujer, y con besos de amor.

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