No tengo cojones ni edad para cambiar mi realidad

poema de Ramón Romero

Solo me queda esperar la guadaña con calma y no salir a buscarla con ansia si se retrasa. Todo llega si tienes paciencia sin recurrir a una soga ni a una viga para acortar la espera y acabar con toda esperanza.
Tampoco estás tan mal machote, me digo, si te comparas con los demás. Y me contesto al momento, eso no me sirve de consuelo, a ellos parece que nos los persiguen sus pensamientos, parece que tienen otras ocupaciones más importantes, que a mí me parecen banales, y a ellos acuciantes por que son necesidades que les ha creado el progreso y no sentirse menos si les faltan y su vecino las colma con diferencia . Yo me apaño con una botella unos polvos blancos malos y un piso pequeño con espacio que me sobra pero no comparto porque necesito estar a solas y tener intimidad para mis cosas sin que nadie me diga cómo y cuándo ni me sienta un gilipollas que debe respetar acuerdos entre convivientes y ser un buen ocupante que respeta horarios respetables el descanso del personal a horas normales por la noche y nos despertar los reproches de un llamado normal al que vuelvo loco con todo mi desorden y mis voces al teléfono sea de mañana o cambie el turno al cielo oscuro sin avisar y dando mucho por culo. Se entiende. No tienes que seguir argumentando tu mundo y ponerle nombre a cada uno de tus propósitos. Sabemos que por el barrio te dan fama de loco. Que incómodas a veces por tus insalubres costumbres que conocen, y que no te importa una mierda estar en boca de todos como el degenerado que es un borracho y no lo oculta ni lo esconde como si fuera una culpa y agacha la cabeza cuando lo comentan a tu espalda. Tú lo llevas como una necesidad para sobrellevar tu penosisima existencia y los demás lo ven como una falta leve que entienden y pasan por alto sabiendo que en el fondo soy un buen muchacho, y no me pasó con nadie en esos estados, y si alguna vez lo he hecho me lo han perdonado como diciendo pobre loco que bebé solo y sale de su agujero asustando un poco cuando sale a por más licor con unos ojos vidriosos que parece una aparición fantasmal que se arrastra hasta un taxi y luego vuelve igual con bolsas verdes y no alza la cara ni saluda con quién se cruza. No hace vida comunitaria ni sabe nada de nadie con los que comparte su misma calle, la gente se pregunta cómo es su vida y a veces su curiosidad la sacian escuchando debajo de mi ventana o en el mismo portal, a mí no me importa, hablo a voces por custumbre desde la infancia y el que quiera saber que escuche, otro de mis pecados es que me gusta exsibirme, jiji,me gusta tener público, y representar acto tras acto como en un teatro, desde mi cuarto. Soy así. Y así me conocen con mis virtudes y defectos. Práctico mucho sexo en soledad y el volumen del móvil de esas páginas porno que veo, cuando lo hago, no lo bajo, el que pase por casualidad por el portal y oiga gente follando y orgasmos, pensará, joder con el dejenerado este, le da igual que escuchemos lo que le pone, será guarro, pero nadie a venido a decirme que guarde las formas, que también pasan niños, que no tienen por qué escuchar gritos, que vienen siempre de ese piso, que parece un sitio de vicio, y que por favor sea más discreto, y no tengan que responder a preguntas impertinentes de sus menores cuando todavía no corresponde dar esas explicaciones por qué son menores y no las entenderían aunque vinieran explicadas por el mejor maestro de su escuela al que le toca por vocación y sueldo esos menesteres. Yo hago lo que me sale de los cojones cuando quiero,el que se moleste que ahorre y se compre un chalet en las afueras con derecho al silencio si tanto lo quieren. Yo también aguanto como un portero sus diálogos en mi puerta y no tengo más cojones que aguantarlos por lo mesmo, y me receto lo mismo que yo a ellos. Por lo menos no pongo música ni tele, aunque como tengo un gato, todas las puertas siempre están abiertas y mis ronquidos son como rugidos de oso, que se oyen por todo el que pasa, por delante de mí puerta y pensarán que pulmones tiene el tío, menos mal que no soy su mujer, si no le tendría que meter un calcetín en la boca, o pegarle un codazo a ver si cambia de postura, y conciliar el sueño con premura, antes de comience de nuevo el concierto, y no tenga más remedio que irme a dormir al sofá del salón, con lo duro que está. Menudo prenda está hecho el vecino, o escuchamos gritos y los niños nos ponen en un compromiso o escuchamos ronquidos que salen como de una cueva y nos decimos vaya bramidos que pega el tío cuando está dormido los domingos por de día y por sistema sin cambiar de estilo de vida aunque esté en peligro de morir joven , que a él no le importa, parece que lo va buscando que le llegue cuanto antes mejor, ay el pobre. No tiene a nadie que le indique el norte, y quién se atreve a indicárselo por nobles razones, le responde que se meta en sus cosas, que él sabe orientarse hasta en el campo, desde que se lo enseñaron en el servicio militar y que le pone para el lado contrario de los normales simplemente por llevarles la contraria contestatario. Sigue siendo un rebelde sin causa, y se encara contra cualquiera haciendo de abogado del diablo. Lo que le llena es el puro debate. Y ponerse de parte del más torpe a priori como acompañante de un perdedor. Elegir el caballo malo, el más lento que nunca alcanza al bueno, pero si lo consigue, joder que subidón, esto merece un revolcón, y el tío ni corto ni perezoso tira cohetes y fuegos artificiales en el colchón del piso superior del salón donde solo entras si eres varón, y preguntas por el favor de esa flor que te mira desde el rincón y por unos momentos te sientes como Dios, luego bajas las escaleras, sales como un señor por la puerta, y a esperar la siguiente ocasión echándole el ojo al siguiente perdedor y echarle un cable como al anterior.Va de Salvador como dice El Talmud, quién salva a uno, los salva a tos.

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