Escarlata catarata

Vivimos en un mundo distópico,
pisamos un suelo húmedo, tóxico;
cautelosos para nunca resbalarnos,
ansiando, en secreto, la caída y no remontar.

Criminales sin castigo y con trofeos,
una pareja clandestina por conservar empleos;
una familia bendice su alimento,
el cual fue producto de un experimento,
una abominación,
una estocada
desconsiderada,
orgullo de mi nación.

Una gran caída,
un buen ukelele,
algo que me duele
como pagano a druida.

Una flama ardiente
de un niño llorando
lágrimas amaranto,
armado hasta los dientes.

Una humareda,
una nonada
¿qué tiene, que a multitudes anonada
moviendo cabezas
para no cortarlas?

Solo un cuento asiático,
un frío sobiético,
una nieve esférica
que lloverá si dejamos
de lazarillo a la estética.

Unos ojos que cierran,
una vista come
todo lo que asome.
Solo somos vos, yo
y un sistema agudo,
cupables tan mudos;
un mundo inmundo
mundano hasta lo absurdo,
un libro que se cierra por convencimiento.

La escarlata catarata está fluyendo,
empapando a todo aquel que salga huyendo
y a toda pobre alma que acepte el destino,
crédula que rezando salva será.

La escarlata catarata sigue fluyendo,
empapando a todo aquel en su trayecto
y a toda desdichada que ose impedirlo,
su intento fallido vidas costará.

Un festín de ojeadas,
un pasar de manos
que se pasan de la raya a su vez;
una criatura que aprende a vivir con la carga
de ser fruto de un árbol de hojas amargas,
ramas que se cruzan,
tronco descortezan,
raíces que se arraigan;
de unas piernas que se abrieron sin consentimiento.

Crecimos en un rumbo inhóspito,
transitando un camino de tierra insólito;
aliviadas por haber conseguido pasarlos,
nostálgicas ya ahora que los dejamos atrás.

Lloramos un aspaviento sórdido,
riñendo al rascacielos más mórbido;
celosos por no poder alcanzarlo,
temerosos de, algún día, llegarlo a escalar.

Mientras la escarlata catarata siga fluyendo
y no se purifique con rico mansalva de bondad,
lloraremos las vueltas que tenga que dar el minutero,
quemaremos las llamas y en ellas arderemos.

Atestiguaremos desgracia tras desgracia,
esperando al día en que nos hagan gracia
y presenciaremos tragedia tras tragedia,
esperando al día en que se hagan comedia.

Mientras la escarlata catarata
fluya sin indicio de pararla,
la represa en mi interior
volverá a desmoronarse.

Mientras la escarlata catarata
fluya sin indicio de pararla,
las manos que Dios me dio
deberán otra vez mancharse.

Mientras la escarlata catarata siga fluyendo,
yo mis palmas de vermellón seguiré tiñendo.

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