Alquitrán, temprano sepelio I

En mis noches escapistas
Houdini ríe orgulloso.
Serán siempre maquinistas
de aquel tren sin un confín
quienes lo aborden solistas,
quienes lo aborden gustosos
a este armatoste, cuyos
vagones son un sinfín.

La hendidura de la viga
al apretarla la soga,
desprendía sus hilachas,
víctimas de mi tijera.
En lugar de una iglesia,
será una sinagoga
donde halle a mi inconsciente,
de voluntad traicionera.

Fui víctima de la tinta
de autores variopintos
que priorizan el estilo
y desplazan la sustancia.
Ya he llorado al respecto
y ahora me es indistinto,
pues, en pos de la arrogancia,
esnobs ladran su ignorancia.

Ya nadé en el agua turbia,
ya he engranado el rulemán.
Me perdí en la Suburbia,
me hundí en el alquitrán.

Aunque fuese estercolero
el destino del reguero
que pisaba, efusivo,
aunque traté de evitarlo;
no debí haber cruzado
el umbral del carcelero,
no debí haber cruzado
estos dedos al jurarlo.

¡Si solo hubiera sabido
o me hubieran contado
del impacto de la marcha
fúnebre que he perseguido,
de esta conga de congoja
rumbo afuera del condado,
esta india fila tan larga
que carece de sentido!

De la gélida ventisca
nadie me dijo ni pisca,
de la sórdida andanada
al encarar a la nada,
de la estridente trisca
de la muerte y que es arisca,
del cristal de la ventana
y sus tapias avellana.

Sin saber que la morfina
era punzón de alacrán,
me tragué la aspirina,
me tragué el alquitrán.

Mis días más hedonistas,
Sade sabe, están pendientes
de ahorradores guionistas
que dosifican las pistas
de información tan crucial,
posponiendo las gradientes;
y han hallado complacencia
en lectores conformistas.

Respirando por el catéter,
desperté encarando a seres,
que se veían tan borrosos
con mi visión en proceso,
pero, al lograr distinguirles,
eran gentes de ayeres
que, aún con cierto rencor,
celebraron mi regreso.

He aceptado que las cosas
nunca cambian por sí solas
y que incluso con mis manos
nada está garantizado.
Confieso que, las ventosas,
las prefiero a las aureolas;
la humedad de ese pantano,
sus algas fueron mi prado.

Me reflejé en la vitrina
al visitar el Jordán.
Remocé de mi angina.
Vomité el alquitrán.

Era yo el alquitrán.

Sucede que he regresado,
que viví para contarlo.
Sucede que he regresado,
que volví del otro lado.

Ahora sé que siempre quise
respirar por mi nariz.
Ahora sé que nunca quise
irme sino ser feliz.

Pasa que he sobrevivido
a este intento de suicidio.
Una nueva oportunidad
resultó ser mi subsidio.

Comentarios & Opiniones

Ex Moli

Muy lindos y llamativos tus versos, un saludo cordial desde lejanas tierras

Critica: 
Leonardo Sarmhi.

Hermosas letras reflexivas.. afrontando nuestro vivir con la propia vida y nuestro entorno.. La disconformidad y el realce de nuestro yo.. Un encanto de profundos y bellos versos.. Me sumo a sus seguidores.. Abrazos fortísimos poeta amigo.. !!!

Critica: 
Lola Amapola

He disfrutado mucho leyendo este poema, es brillante.
Pienso que todos nos tragamos el alquitrán, y luego, pues luego algunos vamos por ahí buscando pozos de agua donde aclararnos un poco. Este poema es uno de esos pozos, un abrazo

Critica: 
Maskes Konvros

Muchísimas gracias por sus bonitos comentarios, Moli, Leonardo y Lola. Un saludo y abrazos.

Critica: 

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