La estela

poema de Galan

Persigo una estela blanca
por culpa de unas flores ardientes,
la comisura de las llamas
me comprende entre soplos.

De noche alimenta a los descalzos,
durante el día se desentiende
atravesando las nubes
libre de conciencia y ordenanzas.

Funde los girasoles
bajo el carnoso yugo
de un satélite indivisible,
la estela a su vez me bautiza.

Las montañas se pulen sutilmente
siguiendo la proporción áurea
de un milagro abierto,
los escalofríos mientras
van delimitando los mares.

La incandescencia de la luz
sufraga el vasallaje de la sombra,
es más fácil seguir la ilusión
que pensar en el caldaso del final.

Los truenos y huracanes nacen
al compás de la sinhueso,
los ríos desembocan por doquier,
y la hierba rompe su luto.

La estela sumerge a los volcanes,
da nombre al magma,
sugiere el cataclismo
y se postra en los reflejos.

El este se queda sin amanecer,
el oeste sufre de insomnio,
los polos se desorientan
y las fuerzas magnéticas se arañan.

La estela con su templanza
siembra una semilla furibunda
amedrentada por el destello
de su curvilínea voz.

Las flores llevan ardiendo
durante dos olvidos y tres plegarias
mis pulmones se están oxidando
y la estela se aproxima a mi tierra.

El demonio se ha quedado
sin crías que someter,
la estela se ha escapado
sin permiso ni regreso.

Acaba de atravavesar mi cielo,
ahora todo brilla.

Comentarios & Opiniones

Silvia

Es una excelente obra!

Critica: