Un día en el diván

Y fue en ese día,
donde mis días ya no se encontraban en la forma.
Sus rolas estaban chicas, mis días anteriores oscuros yacían un desacuerdo y un manifiesto, el recuerdo era viviente, recuerdos aquellos a un Sol naciente y aquel sin mucho de donde apalabrar.
Ese día en un diván se encontraba aquel saltamontes como un navegante al formular sus tesoros, y como un pirata, tal como Sandokan en las mareas oceánicas de huracanes de la lengua, una extranjera.
Sin mucho que saber, mis días pasadas eran reseñadas en el presente en ese ente que repetía una y otra vez.
Analista del exterior que cortaba y revertía mis palabras a las aras de un saber no sabido pero bien conocido y como Cortázar se empezó a revertir un juego, donde mi uno era ahora el 10 y si contaba del 10 al 1 era una narrativa lleno de metáforas uno se daba cuenta diferentes historias, de contraposiciones.
En un diván que se puso cabeza en los pies y los pies en la cabeza, y en los reversos de esos sustantivos daban a notar ese lado de la cara no vista de aquella moneda.
Uno no es... Ya el mismo al sismo de escuchar lo que el cuerpo manifiesta...