Breve carta a Venecia

Frágil encrucijada antigua;
un mar abierto, generoso,
situado en las repúblicas marítimas.

Atmósfera añil, tersa,
inhalación ataviada por celajes de nácar
techando el Mediterráneo.

Tesoros venecianos que vagan
en sus melodías esparcidas,
sobre el velo de un telón al fondo.

Escenario del elemento pictórico;
sitio dónde pinceles blancos se apoyan
en la letal ensoñación, de las plazas y puentes.

Laberinticos paisajes callados
sobre tablones de madera,
reteniendo las formas y sus dimensiones.

Canales engalanados por góndolas
durmientes a la luz de luna,
alimentando inmersos la ciudad nenúfar.

Un registro de muros de ladrillo,
al encuentro de la melancolía,
invadido por el golpeteo del agua sobre las piedras grises.

Espacio místico, caudaloso,
que acaece un reflejo deslumbrante
disolviéndose en la blancura.

Adamantino desenterrar;
posado en una esbelta barca,
cuando la tarde cierra a la hora azul extendida la magia.

Un trozo de historia se desprende
debajo del -Ponte dei Sospiri-
y vence el aroma del agua vacilante.

Lágrimas que consumen
un altar de verdores,
cincelada la mirada hacia el cielo.

Ardiente espíritu trazando estelas expuestas,
atrayendo vuestro contemplar
tras el frío beso, al fondo de las aguas.
*

Fondo Musical- Andrea Boccelli- Mi Mancherai- Il Postino.

Julio 7, 2017
© 2017 Gabriela Ponce de León, La Dama Azul. Todos los derechos reservados.

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