Los ensombrecidos

Los ensombrecidos asienten
ante la lluvia que nace del trueno
crispados por la tormenta.

Los ensombrecidos callan
y es el humo oculto de su cigarro
el que escribe en los muros del amor,
y sin saber que ya estaba ahí
deshecha en los astros
se prometieron la eternidad
de una noche olvidada.

Los ensombrecidos resisten,
columpiándose cada uno
en la mundanidad de la calle
liados de las penas o rajando hojas.
Los ensombrecidos silban
estribillos de congoja
sentados el uno frente al otro.

Los ensombrecidos soportan
el grito de celo
que produce la continencia,
y desatan la vorágine
en los pliegues de su templo
cuando el reloj se pone la piyama
y no queda más que la espuma
de la erupción frígida
proveniente de su soledad.

Los ensombrecidos sueñan con la mar
y un oleaje de párpados
figura el éter
cuando ellos están dentro.