Altar de Afectos

''Lo que mata no es la muerte, si no la mala suerte''
- Refrán popular mexicano

No es que me hayas perdido,
es que tú me has dejado ir.
Porque no es que el amor muera,
solo se deja olvidar.

Y tras esta sin par tragedia sangrienta,
nos hago a nosotros un altar de muertos:
con nuestras historias y deshojadas promesas
en un soliloquio fúnebre con mole rojo, y arroz negro;
con decenas de fotografías en Facebook puestas en privado,
acompañadas cada cual de una calaverita de azúcar;
con nuestros planes, olor a incienso, que nunca concluimos;
con las veladoras que nuestros besos fabricaron,
para que siguiéramos, con la misma fe de un fanático religioso,
orando por repetirlos hasta quedarnos sin babas.

Con una cantidad innumerable de canciones de amor indie
que alguna vez eufóricamente nos dedicamos,
con las noches que nos dimos viendo Netflix, o no durmiendo,
ahora colocadas a la par de una botella de reposado tequila;
con las borracheras alegres de todos los festejos que ya no hubo
y que ahora tendrán encima su respectivo ajonjolí tostado.

Con los momentos en que por What’s App hablábamos de lo que sea,
a excepción del miedo y de la muerte, con las ansías llenas de cosquillas,
y la panza abarrotada de animales exóticos y de remolinos de sueños;
con las flores que me faltó darte, y que he decidido, van a ser de Cempasúchil;
con los poemas y cartas cursis que ya no te voy a escribir porque ahora
están sepultados bajo la cruz de sal que está delante de nuestro retrato juntos;
con todo el papel picado que brotó de nuestras entrañas para clausurar
cada uno de los recuerdos apasionados que todavía esconden nuestros corazones.