El lápiz

poema de Impreso

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El lápiz
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Hoy el lápiz está triste. No encuentra el inicio ni quizás el sentido. Sigue firme y valiente. No lo dice pero siente miedo, y también, en ocasiones dolor. Reposa en el blanco del papel y no ignora su deseo, pero espera paciente a ser revelado el camino. En una ocasión, sin conciencia dibujó un corazón. Al verlo sorprendido, pensó que no era él quien lo había dibujado. Que estaba ahí en el papel esperando. No sabía que en su sueño él podía dibujar sus deseos. Entonces comenzó a darle volumen, profundidad, sombreados, luz. Y el corazón en el papel comenzó a latir. El lápiz se entusiasmó tanto que decidió darle color, un contorno definido y arterias por donde fluir un reguero de sangre limpia. El corazón hizo vivir un cuerpo perfecto a los ojos del lápiz. Este siguió en su entusiasmo y se apresuró a dibujar una sonrisa espléndida a ese cuerpo tan hermoso, a sus manos el don de la caricia, y a sus labios un beso. El lápiz abrazó su dibujo, y quedó plácidamente dormido en sus brazos. Al despertar de nuevo en el papel en blanco, se quedó inmóvil. No hizo ningún gesto para volver a dibujar aquel corazón, ni aquel cuerpo maravilloso. Estuvo triste un tiempo. Pero aquí sigue, firme y valiente. Y no dice una palabra de su miedo o su dolor. Incluso a veces escribe poemas que hablan del amor. Uno que quizás no tenga. Pero que sin duda vivió alguna vez.

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© César Carulla (13/01/2018)

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