Cuéntame otro.

Y yo que puedo dar lecciones
me callo y las escribo,
sin pronunciar tu nombre,
me lo juré a mi mismo.

Ayer todo era de colores,
guardaba algún sentido,
que delgado es el borde,
que delicado el filo.

Tal vez oigas rayos y truenos
y sufras horas grises,
pero no sirve el miedo.

Perder es ver morir el tiempo
y no sentirse libre.
Que no te cuenten cuentos.

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