Casi te me fuiste

Casi te me fuiste voz en cuna,
Casi te largaste,
Casi te llevaste toda mi fe.

La muerte ha pasado
Deambulando, expectante, vacilante,
Ha pasado y casi te me fuiste luz serena,
Alma repartida en mí.

La muerte ha pasado
Llevándose consigo hijos
Que fueron buenos,
Que pasaron por el mundo
Dejando sus huellas implantadas,
Que hicieron proezas,
Y madres lloran.

Ayer casi te me fuiste para siempre,
Casi me dejaste sin sentido, sin aliento,
Casi te escapaste de mis manos,
Como si no me pertenecieras,
Y la muerte ladrona de amores pasó por mi lado,
Y se fue.
Casi me fui contigo a donde fueras,
Al cielo, a lo confuso, a la muerte,
Casi me entierro.

Veo en las calles almas quebradas,
De madres que lloran sus retoños,
Sus amores que ya no sonríen,
Labios grises.

Me desgarro en un sollozo
Porque tal vez pudo ser,
Por ese “casi” que pudo no ser,
Por los gritos,
los lamentos de un casi perderte,
pequeño fruto de mi vientre,
me quebró en un suspiro por ti.

No vivo la vida sino contigo,
No rio,
no sueño los colores de tus ojos,
Ni escucho voces,
No soy nada.
No, porque no quiero,
Porque soy árbol podrido sin ti.
No,
Porque la muerte maldita,
Muerte altanera
Con sus aires de grandeza empoderada
Me ha quitado amores,
pero me aferro a ti
y si te llevase algún día antes,
la busco hasta encontrarla,
le exijo que me lleve,
porque no podré vivir con el alma y el espíritu,
muertos.

Pero veo tu sonrisa,
Escucho tu voz,
Y te vivo,
Y no quiero parar de vivirte,
Y me resisto ano verte un instante,
A no contemplar tu rostro de dulce niña,
Tu inocencia, tu paz.

Y no logro entender como tú,
Un ser tan pequeño,
Tan indefenso,
Frágil ante lo que la vida le depara,
Tan dependiente,
Cual ola vacilante ante el soplido del viento,
Como una especie de ángel que se aferra a la vida
Puede volver a vivir.

Y casi te me fuiste
Y no comprendo quien te da la fuerza,
Para confortarme, auxiliándome,
Y hacerme vivir.

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