LA PIEL TAMBIEN SE ENAMORA.

¡Qué alegría encontrarte

nuevamente en mi camino...!

mi corazón brincaba de gusto

y mi ojos no se cansaban de mirarte,

tú me veías sorprendido,

no era de los sitios que yo frecuentara,

pero algo en mí hizó que yo caminara

hacia ese lugar pensando en ti.

Nuestras manos se rozaron nuevamente,

pero un calor intenso recorrió nuestros cuerpos,

yo solo recuerdo que imaginé "eso"

que tanto gozamos tu y yo.

Por cortesía me invitaste una bebida,

yo sin dudarlo acepté enseguida,

tan solo sentirte cerca ya era mi vida

y muy pronto tu aroma me empezó a estremecer.

Tú me mirabas un poco ansioso,

te hice reír,eso si no lo dudo,

pero tus ojos delatában un fuerte deseo

de estrecharme en tus brazos,

muy pegadita a ti.

A lo lejos se escuchaba una suave melodía,

tu mano frente a mí extendías

y yo presurosa

me paré junto a ti.

Al abrazarme para bailar

sentimos como nuestros cuerpos

enseguida se recordaron,

ellos supieron expresar

lo que con palabras no decíamos;

cada vez estábamos más unidos,

sentía tus manos apretando mi cintura

y mis rodillas no dejaban de temblar.

La música seguía

y tu aliento cálido en mi piel me estremecía,

yo rozaba con mis labios tu mejilla,

la música sonaba

y mi cuerpo se encendía.

Nuestros pasos nos dirigieron

a un oscuro pasillo,

ahí los dos enseguida nos desvestimos

y entregamos apasionadamente,

sabiendo muy bien lo que

nos gustaba disfrutar.

Yo sentí tu boca por todo mi cuerpo,

la mía levantó en ti miles de suspiros,

llegó el momento de un gran gemido

y una explosión inundó el lugar.

Apenas terminamos

permanecimos abrazados,

no se escuchaban palabras,

tan solo un momento se cruzaron nuestras miradas

y una leve sonrisa brotó de ti.

Hubiera querido un beso de ternura,

una mirada dulce,

un gesto suave

y tú tan solo preguntaste

si alguna vez lo podríamos repetir.

No te preocupes mi amor...

la piel también se enamora

y aunque no sé si me ames ahora,

mi piel enamorada de la tuya está,

nuestros cuerpos enseguida comprendieron

que no nos habíamos dejado de amar.

Yolanda Barry

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