LOS MOMENTOS VIVIDOS

Entre las brasas caminaré a pesar de las heridas.
Mis pies sabrán encontrar el camino a la salida
con esa sapiencia implícita de experiencias ancestrales.
Que mis ojos estén cerrados no cambiará en nada el recorrido.
El camino se abrirá solo, bifurcándose en ramales,
y es ahí donde el instinto será la brújula de mi sur.
Confiar en la fuerza que nos propone a esta aventura llamada vida, es regla obligada.
La competencia jamás será con los pares, sino con uno mismo.
Desafiarse en límites más allá de lo físico, es la verdadera batalla.
Cuántas guerras atesora mi memoria escondidas?
De qué otras batallas conservaré aún mis heridas?
No se curte la piel al sol del verano solamente, ni a la gelidez del invierno estéril.
Nuevos tiempos llegarán con grandes cambios.
Estemos preparados o no, hará la diferencia.
Siempre habrá imprevistos.
De los buenos, recojamos el beneplácito del triunfo.
De los malos, sabremos reconocer sus consecuencias cada vez que la cicatriz atestigüe la batalla librada.
De ambos aprendemos, aunque no dejen el mismo sabor en la boca.
Si colocamos en la balanza de los días vividos, lo bueno y lo malo, el plato de lo bueno será el más pesado.
Los momentos felices son muchísimos, pero llegan en pequeñas dosis.
Para poder sentir plenitud, es necesario valorar cada uno y dar gracias por ellos.
Guarda en tu corazón todo aquéllo que te dé regocijo y te colme.
El resto, son sólo momentos pasajeros que se han ido.
Respira hondo...
Apenas comienza un nuevo aprendizaje.
Vívelo, recógelo y guárdalo.
Y da gracias por cada latir de tu corazón.

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