Escandinavas sombras

poema de Yan

La brisa perfumada trae sonetos
de Juan Ramón Jiménez,
mientras la jerigonza del silencio,
comulga con los años sepias
que reposan en la grandeza tiránica
de Eolo y un Nobel de recuerdo.
Demérito en vuelo tienen los azulejos
cuando la tarde bosteza
y abrocha el pincel de Degas,
las bailarinas danzan
sobre un cofre de deidades.
Es la tibieza del tiempo
que abriga los álamos dormidos:
escandinavas sombras cuentan
leyendas de sable y látigo
con arraigo esquivo.
El pensamiento es fragata,
se hunde en el esternón visceral
de la memoria, como durante cien años
guardó García Márquez
la plusvalía de sus antepasados.
La brisa perfumada trae sonetos,
con olor a pólvora.

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