Podemos tomar la calle

poema de De Vilches

Podemos tomar la calle
o arrodillarnos
en la puerta de un juzgado, alejarnos de la herida
o desempolvar los prismáticos.

Callar lo que odiamos
nos convierte
en uno de esos sádicos
a los que les parece
tan seductora en la mano
una bala como un bálsamo.

Ha pasado mucho tiempo
y sigue sonando en el megáfono
la balada de los que marcan
con una cruz
la casilla de dignidad en su vida,
de los que prefieren el olor a sal
y el calor de la pólvora altruista.

Los que hablan
con el nudo de sus corbatas
nos tildan de ratas cuarteleras,
mientras sus finos hijos
a escondidas
hacen pasar jacintos por yedras.

Podemos tomar la calle
mientras otros alicatan
la nevera,
y que nos llamen monos de feria,
mañana volver a salir, y pasado,
así hasta primavera,
sí, eso, hasta primavera,
que entre soñadores
y frente a senadores,
que con ellos y sin ellos,
la primavera
siempre llega.

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