tu y el cielo blanco

Bajo un volcán silencioso,
la ciudad de Pompeya,
donde el vicio era grande
y el poder injusto.

Mi corazón en lava callaba fogoso,
Y era una colina más,
más misteriosa,
con gotas de ceniza que
decoraban la lúcida tarde grandiosa.

Y mientras afuera el cielo blanco
y tu de espaldas llevabas la mirada
a Roma.

Porque Pompeya no era libre,
porque Roma era ganadora.

Después el calor todo inmortalizó,
Y dios cobró sentido mientras las
corrientes rojas llenaban las jarras de vino,
y un último abrazo se dieron dos desconocidos.

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