EL CAMINO

¿Falta mucho Dios mío, mucho?
Estoy tan fatigada con hambre, con sed,
con heridas en las plantas,
hace frío, me da miedo el destino

¿Donde voy? Miro hacia atrás
la senda vertiginosa, traicionera.
Ahora voy yo de vuelta y los años
pesan, los músculos están flojos
el sol ha aletargado los versos
de mi poema y se han dormido.

El céfiro de la tarde va despertando
vacíos, recuerdos sordos dolorosos,
aguerridos, a veces se escuchan risas.
Tomo asiento en el aire, ¡Ah que estoy cómoda!
Una mesa suspendida trae solo delicias,
luego del postre, me duermo en una nube.

¡Ayuda, el ser loco? Pienso y me río.

Victoria Liberona Alvear.

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