Relevo

Allá, de donde nacen los vientos
con gran esfuerzo cerré la puerta.
Me creí sordo, tal era el silencio
sin ese gran ruido de la tormenta.

Tras el huracán vetado llegó la calma
mis jardines en despojos destrozados
lodazales y charcos de mis lágrimas,
los ayes de un corazón abandonado.

Una tormenta con otra mucho mayor
todos me aseguraron que se machaca.
De mi turbada noche capturé un sol
y con amor conseguí que iluminara.

Hoy vuelven a ser jardines y praderas
lo que destrozastes en mi almohada.
No hay un mal que por bien no venga,
pero hoy tú ya no cabes en mi cama.

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