Nadie

Sonó la hora,
tembló el reloj,
Paso fatídico.
Bajó el telón.

Donde ya no hay coba
ni aplausos
todo acabó.
Nadie vio el ángel
que por allí pasó.

La humedad,
aún en pañales,
se marca, muy orgullosa,
en todos los metales
y en cada rincón.

Nadie declaró
el fin de los tiempos
con lágrimas
en los cristales.
Solo las desidias
los derrumbó.

Allí quedaron
en cadáveres de polillas
que nadie barrió.

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