EL RITUAL DE LAS RUNAS

EL RITUAL DE LAS RUNAS

Pedro se levanta pensativo, es el día del nacimiento todo está preparado, lentamente va a la ducha cavilando en sus pensamientos, el agua caliente le da un relajo para el día que se avecina.
Se toma un café con unas tostadas de aceite y tomate, mientras lee el periódico. Las noticias un poco de lo mismo, asaltos, estafas, políticos involucrados, en fin, el pan de cada día. Sin embargo, el sabía una noticia que jamás saldría en los periódicos, una noticia que cambiaría su vida.
Cogió su móvil, las llaves del auto y se fue al hospital. Media hora después ya estaba en el estacionamiento, se apeó lentamente del coche y subió por el ascensor al quinto piso. Edecia estaba desahuciada por los médicos, un cáncer terminal la tenía padeciendo profundos dolores, en medio de la enfermedad quedó embarazada y los médicos le recomendaron el aborto, a lo cual ella rechazó de forma determinante, pues guardaba un hondo secreto.
Era la hora de visita por lo tanto las salas estaban llenas, el ruido de la muchedumbre era ensordecedor. Todo el mundo hablando a la misma vez, parecía mas bien un bar que un hospital.

La noche era mágica, la playa silenciosa envuelta en un oleaje casi invisible. Caminaban despacio, sin prisa, de una forma ceremonial… Hasta que encontraron el sitio adecuado, una solitaria roca a orillas del mar. La luna era la única espía, su poder milenario, derivado de la divinidad del cosmos era fundamental para aquella conjugación. Recuesta a la mujer en la roca mientras él saca unas runas celtas y hace un círculo sobre ella. Se posa sobre aquella hembra besándola, llenando de caricias toda su piel, sintiendo como la excitación invadía su sangre, mientras la mujer empieza a jadear en armonía con el murmullo de las olas, momento en que el hombre en un lenguaje perdido en los albores de los tiempos pronuncia y marca sobre el vientre de ella unos signos indescifrables. Estaban empapados en sudor, el deseo los envolvía, los espasmos de dos cuerpos cálidos y encendidos se entremezclaban en el reflejo del círculo mágico. Las embestidas fueron en aumento como aguijones punzantes al ritmo exigido en ese acto esotérico, hasta que un grito agonizante salió de ella, al tiempo que un orgasmo aural fue expulsado por la luna colisionando en el círculo de las runas, irradiando sobre los cuerpos un poder cósmico.

Al entrar en la sala Edecia tenía los ojos cerrados, se acercó despacio la vio tan hermosa… Ahora su vientre estaba abultado, hinchado, pero, aún conservaba aquella marca hecha por él. Ya faltaba poco para la intervención.
_Tranquila Edi _le dijo mientras le besaba la frente con complicidad, ya sabes lo que va a pasar, la crisálida de tu cuerpo morirá para renacer en la nueva forma.
La llevaron al quirófano la intervención duró dos horas. Al nacer el bebé Edecia falleció los médicos certificaron su muerte, las enfermeras llevaron a la niña en perfecto estado de salud a la sala de los recién nacidos, lugar donde ya estaba Pedro. La vio llegar y cuando quedó en solitario la cogió en sus brazos y se la llevó. Era suya, suya y de la luna.
Era la reencarnación de aquella mujer que estaba moribunda sin ilusión, él como un acto de humanidad, engendró en ella la semilla para perpetuar su linaje y que siguiera viviendo en una nueva vida, en un cuerpo sano. El ritual tuvo el éxito esperado.

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