Canto a Ariana Bañuelos Conde.

Siluetas que reptan los párpados del sol,
pensaba en pensarte guareciendo tormentas.
Como las aves que se agitan entre el cieno y el cielo,
son estrellas claras de antiguas afrentas.

Ella ya no canta ni baila en cenizas,
sus pies ya no se mueven,
sus manos ya no danzan,
los acordes de la brisa.

Y el tierno sereno que hierve,
en su sangre lentamente, levita,
ebulle y eclipsa septiembre.

Ella ya no rompe como las olas en las marismas,
ni juguetea con las dalias de la fuente,
no está muerta, no está viva…
ella sólo esta:
inerme…

ROGERVAN RUBATTINO ©

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