La Vocación

poema de Penelope

El amor de una vida, por tantas cosas amor
como una receta casera de la abuela
todo lo cura, todo lo salva, todo lo esmera
porque en los ojos del alma hay una ciega devoción.

Una ciega vocación de entrega en abundancia
de rescate en la penumbra, de excesiva bonanza
de impecable astucia que se impregna de perseverancia
de hacer todo lo que se hace, con tanto amor.

Madre de todas las artes, en tí se entraña valiente
en tí se empuña tiesa y esbelta con esmalte de vida,
lo que el sastre de la luna con tanta paciencia teje,
madre vocación de tí brotan las mejores semillas.

Las mejores semillas que el afán determina
obstinado en su apogeo de iteraciones,
niño prodigio acompañante del sol que camina
hacia atrás y hacia adelante en pasos de hércules.

Titán enfurecido tus agallas perpetúan
el concilio de grande voz amnistía,
tú que das lo que tienes sin más
en tu fiel corazón de solemne algarabía.

Suspendido en la luna que el sastre teje
Un vestido le teje despacio y perenne,
modesto y llano en su cordura de violín
Que suena harmoniosa en las noches de festín.

La vocación es la llamada a la vida,
el encuentro con lo que se ha nacido
algunas veces se tarda, pero se escucha
como molino que tuerce la fuerza del viento.

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