Índole

poema de Penelope

Índole, insobornable por las normas

como tenedor curvado en banquete real,

affair de cabos sueltos y bártulos ,

aire de frenos expelidos que saben a sal.

Un pensar monógamo en el columpio quieto

rascando las piedrecillas con las puntas del zapato,

sonrisas de acerbo , índole del pasado vericueto

inician el receso entre decires y garabatos.

Índole, ajustada en la bota de aquél gato

acampando en las plazas pobladas de soledad,

sístole indómita que lee el periódico ingrato

ayunando en los balcones revestidos de cal.

Ladrillo decano que sostiene el reuma de los años

la tos ronca de las paredes no se alivia,

la partida de los gorriones lo volvieron tacaño

y se va anidando entre las cosas mías.

Índole, montículo de sillas aparcadas

para el viajero cansado y agradecido

que abre la mano y deshoja una vida

y sienta en ellas todo lo que ha aprendido.

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