Declamaciones

poema de Penelope

En la voz que me declinas, me declamas
me reclamas y hasta me marginas.
Con el músculo dilucidado en la palabra,
desde el filamento estriado de tu miembro
des del yugo tapiado que lo embarga.
En la procesión de órganos y hormonas
en ascenso de decibelios que se fornican.
Proyectados como astros bastardos,
que se disputan equinoccios disecados
en áridas hectáreas de mi lengua fulana.
En corredores intactos de mi vagina
condenados a lo sulfúrico de las esperas,
hasta ellos tu alma en voz me llega:
hasta evacuar escrúpulos ejecutados.
Y anginas mudadas en antologías de sacrilegios.
El poder de tu ardor, me rehabilita.
Como furcia en esta pérgola de sábanas,
Fundadora de conventos de caricias
que se restrieguen contra mi piel con avaricia.
Y los escaños de mi barbaridad alcanzan.

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