Cuando muero por el Blues

poema de Penelope

Cuando muero por el blues, muero por tí.
La nota más alta rescata el micrófono hundido.
El telón con sus tacones de aguja viene hacia mí.
El público aplaude al arte que la amargura del dolor
concibe en mí desde que ya no estás conmigo.
Cuando muero por tí, el piano entierra la noche.
Solitaria en el escenario el dolor en sí se compone
como el diario escudriñado de un bohemio maldito.
Cundirá la oscuridad en el hogar del negro infinito.
Despertará mi voz de murciélago el trueno escondido.
Debutará el fantasma en la ópera vacía del olvido.
Soprano de porcelana en mil pedazos cortados por el sonido.
Cuando siento el blues y escribo así, ya te he perdido.
Y ahora el público te sentirá como yo nunca te he sentido.
Ahora el agudo dramatismo que es producto de este dolor
se infiltrará en el coraje monstruoso de mi abismo.
Se disparará el eco a la inercia del infierno que me ha vencido.
A los putos días de la gira de experiencias que hemos compartido.
Al billar negro de tus ojos en la esquina del bar mirándome sin parar.
A la resaca de los polvos que nos dejaron sin poder casi andar.
Al cuero de recuerdos para hacerle una máscara al diablo.
Cuando muero por el blues, resucita la fiera que llevo dentro.
Y me besa el micrófono encandilado por mis labios rojos, intensos.
Y se reciclan algunas notas lapidarias como marmotas sin aliento.
Y se avecina un nuevo holocausto de acasos, por si acaso me sigues viendo.
Por si acaso me sigues queriendo, por si acaso… este blues te hace regresar.
A la cama gastada de una piel albina a la que le han extirpado el deseo.
A la puerta golpeada por tu puño grosero y violento.
Al espejo que filmó nuestros encuentros, rodados al azar.
Me siento al filo de la vida, el gancho del escenario
que tantas veces me ha visto de espaldas al público, saltar.

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